os
hechos
que nos
estremecen
de
espanto
D
os
sucesos,
casi simul
táneos, uno ya
conoci
do por a opinión públi
ca
y el
otro
divulgado hoy
en
esta
edición de
OIGA,
nos
muestran
el
lado oscuro,
el
lado
que
se quiere mantener oculto,
del régimen
autoritario,
con
barniz
democrático,
que gobierna
al país. Me
refiero
al
descubrimiento
de
fosas clandestinas,
con
restos humanos calcinados,
logrado por
la
revista
Sí
y a las
revelaciones
que,
sobre
la
probable estructura real
del
actual
régimen,
puso
en
manos
de
OIGA
un
pajarillo verde.
Esas
tumbas
de
Cieneguilla, malolien
tes
escondidas
a la
vera
de un
camino de basura transitado
por la
miseria, pueda
que no
hayan guardado
los
restos
de los
desaparecidos
de
La
Cantuta
tal
como lo
creen muchos
y lo
propaga
el
rumor general. Pero
allí sí se
encon
traron
huesos humanos calcinados
y es
posible
que en
esos muladares reposen otros muchos
crímenes, de
aquellos que
sería
demasiado
difícil imputárselos
al
hampa
y
bastante improbable
que
sean
obra
de los
terroristas —los
más
crueles genocidas
de
nuestra
no tan
amable historia patria—,
por
estar
ubi
cada
allí,
muy cerca, una base militar
de
vigilancia.
Esos huesos humanos
calci
nados,
con
un llavero
de
recuerdo entre ellos
y el increíble desinterés de
las autoridades gubernamentales
por
custodiar
las
tumbas,
son
testimonio
de los
tiempos
que nos
ha
tocado
vivir. Pueden
ser cadáveres de
senderistas quemados por
sus
propios
compañeros
para
que
nadie
los
pueda identificar, puede
ser
cierto
el
rumor
de que serían
restos
de
los desaparecidos
de La
Cantuta.
O de
otros desaparecidos,
añado,
pensando
en
los
textos
que hoy
publica OIGA, preparados
por un
secreto 'Equipo
de
Trabajo'
y por el
Servicio
de
Inteligen
cia
para
un
pronunciamiento militar que
debió
producirse
en
1990,
que se inició el
28
de
julio
de ese año y se
conso
lidó con el golpe
militar
del 5 de
abril
de
1992.
Se trata
de dos
hechos secretos,
secretísimos, y que, por lo
tanto,
no
dejan
huella
evidente.
No
tienen firmas
ni
sellos.
No hay
declaratorias
de
defun
ción.
Tampoco existen pruebas testimoniales comprobables.
Hay, en un
caso,
el
dato preciso,
con
mapa,
de un anónimo
elemento
de
Contrainteligen
cia
o
de'la propia Inteligencia
que ha
querido liberar su conciencia
o
enredar los hechos. Pero
los
muertos
están, son
ciertos,
son
huellas
de métodos que
horrorizan,
que
hace
se nos
escarapele
la
piel
y
conducen
al
otro
caso,
a los
documentos publicados
hoy en
esta
revista,
en el que las
pruebas
no están
en
firmas
y
sellos sino
en la
credibilidad,
en
la
seriedad
del
pajarillo verde
que depositó los
textos
en mis
manos
y en
que esos textos
casan,
calzan,
se
machihembran
a a perfección con los
hechos
públicos y semipúblicos que van
ocurriendo
al
mismo tiempo
de lo
escrito.
Cada
comentario tiene
su
correspondiente
comprobación en un
suceso notorio. Bueno,
no
todos,
como,
por
ejemplo,
el
juicio escrito sobre
la
nece
sidad
de
exterminar
al
"excedente
po-
blacional
nocivo irrecuperable,
como
son
los
terroristas, vendedores
de
pas
ta
básica,
agitadores
y demás
traidores
a
la
patria". Se tratan
de
documentos
que
revelan
el
carácter del régimen que
preparaba, desde mediados
de
1989, una logia
mili
tar
con
orden
del
Comando.
Régimen
que,
a último
momento,
fue negociado
con
el
presidente electo, Alberto
uji-
mori,
porque
éste venía a
resultar
el más
aparente cabecilla para
la
'Democracia
Dirigida,
civil-militar'
diseñada en los círculos
castrenses.
En
los
textos
se
hallan opiniones
ab
solutamente ciertas sobre
la
realidad
peruana
—más que
certeras
en el análi
sis
de la
irresponsabilidad
de
Alan Gar
cía— y es
imposible quitarles
razón a
muchos
de los
argumentos
allí
expuestos sobre
la difícil
gobernabilidad
del Perú y
la necesidad
de
contar
con
metas
estratégicas
nacionales
de
largo plazo. Se puede decir
que de
su lectura brotan verdades
de a puño,
aunque
la mayoría
de estos
puñetazos
sean
más del
agrado de la sensibilidad
política de
las llamadas derechas,
que de
otros sectores
con
mayores inquietudes sociales
y
popula
res.
Hay, sin
embargo, aspectos siniestros
que a ningún demócrata, a
ninguna persona
con
cierto refinamiento humano, pueden dejar
de
espantar.
Se
trata de
un
proyecto
mesiánico, de
orienta
ción
totalitaria,
que
nada tiene
de
demo
crático por más título de
'Democracia
Dirigida'
que se le
haya puesto.
En
los
lineamientos
del
plan, trazados
en
octubre
de
1989,
y en
Anexos posteriores
a esa
fecha,
están
insertos
los
planteamientos
que, como
grandes
no
vedades, viene repitiendo
Fujimori:
libre comercio,
'reinscrtación',
pena
de
muerte,
pacificación,
reforma educati
va
acuerdo
en
las fronteras (entendien
do que "el
aspecto territorial
ha
sido
ya
rebasado"}, necesaria continuidad
en el
mando
(reelección), etc.
Pero
hay
pun-tualizaciones
muy
reveladoras
del ne
fasto mesianismo
que
inspira
al
proyecto
en
general, hasta ahora mantenido
en
el
misterio,
y que
apenas
se
dejan entrever
en
algunas
de las
bruscas declaraciones
de
Fujimori;
como
cuando,
por
ejemplo,
se
ufana
de
tener
e
mejor Servicio
de
Inteligencia
de América
Latina.
En
los textos conspirativos
se
da,
justa
mente,
la
mayor importancia
a lo que
llaman
'Sistema
de
Control, Seguridad
y
Propaganda'
y que en
esas mismas
pági
nas
se
especifica
que "sí,
definitivamente,
el
Sistema
es el
equivalente
a una
Gestapo".
El carácter antidemocrático
del proyecto aparece
por todos
lados. Desde
la 'relación' que se seguirá con la
prensa
("El
objetivo
mínimo
consiste
en
conseguir
la
autocensura, dejando
en
trever nuestra
decisión de ir
hasta
las últimas
consecuencias"), hasta
el
mode
lo secreto
de gobierno a
montarse,
muy
explicativo
de por qué en el régimen
fujimorista
tiene tan poca importancia
el
Conseja
de
Ministros.
En el
esquema del proyecto
está
explicado
que la
con
ducción de la política estratégica
nacio
nal
a
largo plazo corresponde
a
un 'Consejo
Estratégico del
Estado'
(CEE),
"de
legando
el
protagonismo,
tos
aspectos
diplomáticos y
sociales
y los
problemas de corto plazo
a los
distintos encarga dos
de los
portafolios ministeriales".
El
CEE
será un
misterio
y no tendrá por qué
asistir
a los
Consejos
de
Ministros, "quedando
con las
manos libres, fuera del
ángulo
visual
del
enemigo,
para
im
pulsar
al
país y
hacer frente
a
las necesidades
de
la guerra".
El
servicio
de cáma
ras
ya
instalado,
en la época de
Alan
García, en la
Sala
del
Consejo
de
Minis
tros,
le servirá al
CEE para seguir
de
cerca
por vídeo las
sesiones
que
crea necesario supervisar.
Y
siguen
las
per
las.
Todas
con
desagradables evocaciones
de equívocos
salvadores
de sus
patrias,
de trágicos
devaneos autorita
rios.
De
desastres
que
tuvieron auroras deslumbrantes,
¿Está
funcionando
el
actual
régimen
bajo
el
esquema trazado
en los
documentos
que hoy
comienza
a
publicar
OIGA?...
Por
desgracia hay demasiados indicios
de que así es. ¡Pobre Perú Va
mos
de mal
para
peor,
porque nunca, por ciertos
y
grandes
que
sean
los
males que
es
necesario superar, han sido bue
nas
las
soluciones
mesiánicas,
totalita
rias,
autocráticas.
Siempre,
a la
corta
o
a
la
larga,
las lágrimas borrarán los
aciertos
que
pudiera haber tenido
el
despotismo.
•
OIGA 12 de julio de 1993 7