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La gestión de Pachacutec



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La planificación integral



La nueva ciudad




El apogeo del Cusco
Imperial



El período de Tupac Inca
Yupanqui a Huayna Capac



Los restos incaicos






La planificación integral
Pachacútec, hombre extraordinario, poseía grandes y variadas cualidades que hacían de él un estadista nato, capaz de regir a su pueblo en las más difíciles circunstancias y de planificar su futuro con creatividad, sapiencia y seguridad, con una clara visión de sus posibilidades y una total comprensión de la realidad en la que vivía. Sus acciones       de       gobierno,       perfectamente




organizadas, eran dirigidas con un carismático e irresistible liderazgo y ejecutadas con una fría eficiencia capaz de llegar, en caso necesario, al más sacrificado de los heroísmos.

Su actitud ante los chanca, entre otras muchas, mereció que Clements R. Markham lo calificara como "el soberano más grande que haya producido la raza aborigen de América". Cuando Pachacútec tuvo que enfrentar el problema que significaba la incapacidad de la ciudad de atender las necesidades que las circunstancias políticas exigían, no decidió mejorar ni ampliar sus condiciones urbanísticas, sino simplemente crear desde los cimientos un nuevo Cusco, digno del pueblo incaico.

Pachacútec creyó firmemente que el destino que el padre Sol había decidido para él y para su pueblo era gobernar el mundo, su mundo. Por tanto, hizo del Cusco el centro mismo, el ombligo, la ciudad sagrada, núcleo de poder absoluto y lugar de devoción de todos los pueblos del imperio en formación. Una ciudad capital hacia la que todos los caminos condujeran desde los más apartados lugares de los suyos imperiales, y que a sus moradores sirviera con justicia y prontitud, pero, también, con severas e indiscutibles disposiciones políticas y religiosas. Una ciudad, en fin, que fuera modelo paradigamático de lo que deberían ser las capitales del imperio y que constituyera la materialización cosmogónica del mismo, con un lugar apropiado para todos los poderes, clases sociales, etnias y ocupaciones.

La realización de ese sueño fue cabalmente planificacda por Pachacútec mismo y, con seguridad, por un selecto grupo de amauta y quipu camayoc. La idea fundamental respecto a la naturaleza y la función de la ciudad capital en la organización imperial radicaba en considerar el Cusco como la esencia de la que se originaba, y de cuyo pulso e impulso dependía, la satisfacción de las aspiraciones y necesidades del Tahuantinsuyo. De esa concepción, totalitaria y centralista, surgió como indefectible medio de acción la planificación integral, vertical, rígida e inexorable que regía todos los asuntos de la vida del imperio, ya fuesen estos religiosos o políticos, sociales o económicos, civiles o militares.


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