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Odisea (Canto IX)

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Odiseo embriagando a Polifemo.

El Canto IX de la Odisea de Homero, titulado Relatos a Alcínoo - La Ciclopea (según la traducción clásica de Segalá)[1]​ o también conocido como Los cicones, los lotófagos y el cíclope es el primero de los cuatro Apólogos (cantos IX-XII), donde Odiseo narra en primera persona sus aventuras tras la caída de Troya.

En el canto anterior (VIII), Odiseo era agasajado como huésped anónimo en la corte de los feacios. Durante el banquete organizado en su honor, el aedo Demódoco cantó episodios de la guerra de Troya —incluido el del Caballo, lo que provocó la profunda emoción del héroe. Incapaz de contenerse más, Odiseo revela por fin su identidad ante el rey Alcínoo y toda la corte: «Soy Odiseo Laertíada…».

A partir de este momento comienza su relato retrospectivo, explicando el origen de su larguísimo viaje de regreso y, fundamentalmente, la causa de la ira de Poseidón contra él. El canto describe los tres primeros episodios de su navegación errante con las doce naves tras salir de Troya: el saqueo fallido de la ciudad de los cícones (donde sufre la primera pérdida de compañeros), el encuentro pacífico pero peligroso con los lotófagos (cuya planta induce al olvido del regreso) y el encuentro con el cíclope Polifemo, hijo de Poseidón.

El episodio introduce el tema de la hospitalidad (xenía) violada y sus consecuencias, y explica el origen de la ira de Poseidón contra Odiseo, causa principal de sus futuras penalidades.

Estructura y contenido

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La Ruta que Odiseo siguió en su vuelta a Ítaca desde Ilión
  1. Ismaro, ciudad de los cícones   Saqueo de Ismaro. Posterior matanza de los cícones sobre los aqueos.
  2. Los lotófagos   Algunos hombres de Odiseo comen del loto. Se olvidan del regreso a casa.
  3. La isla de los cíclopes. Polifemo   Odiseo vence a Polifemo, mas su orgullo concita la ira de Poseidón sobre él.

Saqueo de Ismaro y huida

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Saqueo de la ciudad de los cícones Todos los hombres participan del botín. La vida del sacerdote Marón y de su familia es respetada.
Los cícones se rehacen Los nativos se hacen fuertes y expulsan a los aqueos. Mueren seis hombres.

Odiseo comienza su relato ante Alcínoo y los feacios:

«Soy Odiseo Laertíada,[2]​ tan conocido de los hombres por mis astucias de toda clase y mi gloria llega hasta el cielo»
Odisea, IX [1]

Primero arribaron a la tierra de los cícones, al norte de Samotracia, y destruyeron la ciudad de Ismaro.[3]

«Habiendo partido de Ilión, llevóme el viento al país de los cícones, a Ismaro: entré a saco en la ciudad, maté a sus hombres y, tomando las mujeres y las abundantes riquezas, nos lo repartimos todo para que nadie se fuera sin su parte de botín»
Odisea, IX [1]

Si hubiesen partido inmediatamente les habría ido mejor, mas no fue así y muchos perecieron:

«Exhorté a mi gente a que nos retiráramos con pie ligero, y los muy simples no se dejaron persuadir. Bebieron mucho y, mientras degollaban en la playa gran número de ovejas los cícones fueron a llamar a otros cícones vecinos suyos; los cuales eran más numerosos y más fuertes... cuando el sol se encaminó al ocaso, los cícones derrotaron a los aquivos, poniéndolos en fuga. Perecieron seis compañeros, de hermosas grebas, de cada embarcación y los restantes nos libramos de la muerte y del destino»
Odisea, IX [1]

Con los lotófagos. Pierden la memoria

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Navegación procelosa Se enfrentan a una fuerte tempestad que les destroza las velas.
Arriban a la tierra de los lotófagos Tres compañeros de Odiseo que comen loto pierden la memoria y se olvidan del regreso a Ítaca.

De nuevo en las naves sufren la acometida de Bóreas enviado por Zeus, el que amontona las nubes:

«Desde allí seguimos adelante con el corazón triste, escapando gustosos de la muerte... Las naves iban de través, cabeceando; y el impetuoso viento rasgó las velas... a fuerza de remos, llevamos aquéllas a tierra firme. Allí permanecimos echados dos días con sus noches, royéndonos el ánimo la fatiga y los pesares»
Odisea, IX [1]

Dañosos vientos los llevan nueve días por el ponto y al décimo arriban a la tierra de los lotófagos, que se alimentan con un florido manjar. Tres compañeros que lo comieron perdieron el deseo de regresar y hubo que llevárselos a la fuerza:

«... juntáronse con los lotófagos, que no tramaron ciertamente la perdición de nuestros amigos; pero les dieron a comer loto, y cuantos probaban el fruto del mismo, dulce como la miel, ya no querían llevar noticias ni volverse; antes deseaban permanecer con los lotófagos, comiendo loto, sin acordarse de tornar a la patria. Mas yo los llevé por fuerza á las cóncavas naves y, aunque lloraban, los arrastré e hice atar debajo de los bancos»
Odisea, IX [1]

Los cíclopes. Polifemo. Astucia de Odiseo

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Posteriormente, con ánimo afligido llegaron a la isla de los cíclopes:

«... y llegamos a la tierra de los Cíclopes soberbios y sin ley; quienes, confiados en los dioses inmortales, no plantan árboles, ni labran los campos, sino que todo les nace sin semilla y sin arada —trigo, cebada y vides, que producen vino de unos grandes racimos— y se lo hace crecer la lluvia enviada por Júpiter. No tienen ágoras donde se reúnan para deliberar, ni leyes tampoco, sino que viven en las cumbres de los altos montes, dentro de excavadas cuevas; cada cual impera sobre sus hijos y mujeres, y no se cuidan los unos de los otros»
Odisea, IX [1]

Casi tocando el mar ven una excelsa gruta a la sombra de algunos laureles, donde moraba un varón gigantesco, solitario, un monstruo horrible que apacentaba rebaños lejos de los demás hombres, y apartado de todos ocupaba su ánimo en cosas inicuas. Estaba el cíclope ausente, pastoreando a sus rebaños, cuando Odiseo llega allí con sus doce mejores hombres:

«Entramos y nos pusimos a contemplar con admiración y una por una todas las cosas: había zarzos cargados de quesos; los establos rebosaban de corderos y cabritos, hallándose encerrados separadamente los mayores, los medianos y los recentales; y goteaba el suero de todas las vasijas, tarros y barreños, de que se servía para ordeñar.»
Odisea, IX [1]

Odiseo no presta atención a la inquietud creciente de sus hombres y espera al monstruo. Al fin llegó con una gran carga de leña; cerró la entrada con una inmensa piedra, encendió el fuego y los vio:

¡Forasteros! ¿Quiénes sois? [...] ¿Venís por algún negocio ó andáis por el mar, á la ventura, como los piratas que divagan, exponiendo su vida y produciendo daño á los hombres de extrañas tierras?
Odisea, IX [1]

Venciendo el terror que siente, Odiseo le responde apelando a la hospitalidad:

— «Somos aqueos a quienes extraviaron, al salir de Troya, vientos de toda clase que nos llevan por el gran abismo del mar [...] Nos preciamos de ser guerreros de Agamenón Atrida [...] y venimos a abrazar tus rodillas por si quisieras presentarnos los dones de la hospitalidad o hacernos algún otro regalo como es costumbre entre los huéspedes [...]»

¡Forastero! Eres un simple o vienes de lejanas tierras cuando me exhortas a temer a los dioses y a guardarme de su cólera; que los Cíclopes no se cuidan de Júpiter, que lleva la égida, ni de los bienaventurados númenes [...]
Odisea, IX [1]
Me llamo Nadie (Odisea, IX, 360-370). Narrado en la lengua original

Entonces el Cíclope, con ánimo cruel:

«... levantándose de súbito, echó mano a los compañeros, agarró a dos y, cual si fuesen cachorrillos, arrojólos en tierra con tamaña violencia que el encéfalo fluyó al suelo y mojó el piso. Seguidamente despedazó los miembros, se aparejó una cena y se puso a comer como montaraz león, no dejando ni los intestinos, ni la carne, ni los medulosos huesos. Nosotros contemplábamos aquel horrible espectáculo con lágrimas en los ojos, alzando nuestras manos a Júpiter...»
Odisea, IX [1]

Odiseo, con su astucia, tramó la venganza. De una gran clava de olivo verde cortó una estaca que mandó pulir y aguzar por un extremo. Tras endurecerla «pasándola por el ardiente fuego» la ocultó debajo del estiércol esparcido por la gruta.

Lista la estaca, Odiseo planea el segundo paso: anular las fuerzas del monstruo emborrachándolo.

Regresa Polifemo con el rebaño de hermoso vellón, que venía de pacer y le ofrece una copa de negro vino; de aquél que le había regalado Marón, vástago de Evantes y sacerdote de Apolo en agradecimiento por haber respetado su vida con la de su mujer e hijos, durante el saqueo de Ismaro, la ciudad de los cícones:

«Cuando [los cícones] bebían este rojo licor, dulce como la miel, echaban una copa del mismo en veinte de agua; y de la cratera salía un olor tan suave y divinal, que no sin pena se hubiese renunciado a saborearlo»
Odisea, IX [1]

Ahora hará un buen uso de él. Artero, invita a Polifemo:

— Toma, Cíclope, bebe vino, ya que comiste carne humana, a fin de que sepas qué bebida se guardaba en nuestro buque.
Dame de buen grado más vino y hazme saber inmediatamente tu nombre para que te ofrezca un don hospitalario con el cual te huelgues.
Odisea, IX [1]

Tres veces se lo ofreció y tres veces lo bebió incautamente. Cuando los vapores del vino envolvieron su mente díjole Odiseo «con suaves palabras»:

— ¡Cíclope! Preguntas cuál es mi nombre ilustre, y voy a decírtelo; pero dame el presente de hospitalidad que me has prometido. Mi nombre es Nadie; y Nadie me llaman mi madre, mi padre y mis compañeros todos.
A «Nadie» me lo comeré el último, después de sus compañeros, y a todos los demás antes que a él: tal será el don hospitalario que te ofrezca.
Odisea, IX [1]

Ebrio, Polifemo cayó de espaldas, «dobló la gruesa cerviz y vencióle el sueño». Entonces Odiseo metió la estaca en el rescoldo y cuando estaba a punto de arder y relumbraba intensamente, él y sus compañeros la hincaron en su ojo. Dio «un fuerte y horrendo gemido». Llamó a gritos a los Cíclopes que habitaban a su alrededor «en los ventosos promontorios» y a sus voces acudieron muchos:

— ¿Por qué tan enojado, oh Polifemo, gritas de semejante modo en la divina noche, despertándonos á todos? ¿Acaso algún hombre se lleva tus ovejas mal de tu grado? ¿O, por ventura, te matan con engaño o con fuerza?
¡Oh amigos! «Nadie» me mata con engaño, no con fuerza.
— Pues si nadie te hace fuerza, ya que estás solo, no es posible evitar la enfermedad que envía el gran Júpiter; pero, ruega á tu padre, el soberano Poseidón.
Odisea, IX [1]

Ya ciego y para asegurarse de que no escapasen los prisioneros, el cíclope tanteaba el lomo de sus reses a medida que iban saliendo de la cueva para ir a pastar, pero cada uno de los marinos iba vientre con vientre con una res y agarrado al vellón de ella.

Luego de escapar, Odiseo le grita su nombre a Polifemo y este le pide a su padre, Poseidón, que castigue a Odiseo.

— ¡Cíclope! Si alguno de los mortales hombres te pregunta la causa de tu vergonzosa ceguera, dile que quien te privó del ojo fue Odiseo, el asolador de ciudades, hijo de Laertes, que tiene su casa en Ítaca.
¡Óyeme, Poseidón, que ciñes la tierra, dios de cerúlea cabellera! Si en verdad soy tuyo y tú te glorías de ser mi padre, concédeme que Odiseo, el asolador de ciudades, hijo de Laertes, que tiene su casa en Ítaca, no vuelva nunca a su palacio... o sea tarde y mal, en nave ajena, después de perder todos los compañeros, y encuentre nuevas cuitas en su morada.
Odisea, IX [1]

Desde allí siguieron adelante, con el corazón triste, escapando gustosos de la muerte aunque perdieron algunos compañeros.

Temas y comentarios

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En la Odisea, el regreso (nostos) de Odiseo a Ítaca no es sólo un viaje lleno de peligros geográficos y monstruos; es, sobre todo, una prueba constante de su carácter, sus valores y su capacidad para mantener la humanidad y la moderación en medio de situaciones extremas. Homero presenta el viaje como un proceso de maduración moral y de confrontación con las debilidades humanas. EL verdadero peligro para Odiseo no son los monstruos, sino perderse a sí mismo: caer en la hybris, en la desesperación, en la tentación del olvido o del placer fácil. El regreso a Ítaca solo es posible porque Odiseo, a pesar de sus errores, supera una y otra vez estas pruebas morales y conserva (o recupera) su esencia humana.

En el Canto IX se plantean los grandes temas y dilemas morales (codicia, curiosidad excesiva, orgullo) que se irán repitiendo y profundizando en el resto de la obra.

Algunos aspectos clave de esta "prueba moral":

  1. La hospitalidad (xenia) y sus violaciones   La xenía (normas sagradas de hospitalidad entre huésped y anfitrión, protegidas por Zeus) se rompe repetidamente:
    — Odiseo y sus hombres saquean a los cícones sin respeto.
    Polifemo devora a los compañeros de Odiseo en lugar de ofrecerles refugio y comida.
    Esto contrasta con la hospitalidad ideal como la que reciben de los feacios (Canto XIII). La violación de la xenía trae consecuencias divinas y humanas.
  2. La tentación de abandonar la identidad y los valores griegos   Los lotófagos ofrecen el olvido pacífico del loto. Los compañeros que lo prueban deben ser arrastrados por fuerza al barco. EL loto hace olvidar la patria y el deseo de volver; aceptarlo sería renunciar al deber y a la memoria, abandonar el objetivo principal, el regreso a Ítaca, el nostos.
  3. El necesario equilibrio entre astucia y moderación. Hibris de Odiseo   Odiseo es el héroe de la inteligencia astuta (mētis), pero si falta la moderación (sophrosyne)[4]​ esa misma cualidad puede convertirse en exceso (hybris).
      El enfrentamiento con Polifemo es un arquetipo de esto: Odiseo se salva en principio por su ingenio y astucia:
    — embriaga a Polifemo con vino
    — usa el truco del nombre, "Nadie", Οὖτις (Outis), para que los otros cíclopes no ayuden
    — ciega al gigante con una estaca
    — y escapa escondiéndose agarrado del vientre de las ovejas.
      Polifemo representa la fuerza salvaje y primitiva; Odiseo, la civilización y la mente, pero su orgullo innecesario al final —revelar su nombre real para ganar gloria— es una debilidad moral que provoca la maldición de Poseidón. Es un ejemplo clásico de cómo la soberbia atrae el castigo divino (némesis).
  4. La lucha por mantener la civilización frente a la barbarie   El encuentro con los cíclopes enfrenta a Odiseo con una sociedad que ha perdido las normas básicas de humanidad: hospitalidad, respeto a los dioses, leyes. Sobrevivir no es sólo algo físico: es mantener los valores griegos (piedad, justicia, palabra) incluso cuando el entorno los niega. Polifemo, que come a sus huéspedes, es el contrapunto salvaje; Odiseo debe usar el engaño (que en otro contexto sería inmoral) para restaurar un mínimo de justicia.
  5. Responsabilidad por los compañeros   Odiseo es capitán y líder. Cada pérdida de hombres es también una prueba para su liderazgo moral.
    Ante los cícones, la codicia de sus hombres y su propia permisividad causan la primera masacre.
    Con Polifemo, entra imprudente en su cueva por curiosidad y deseo de provisiones, y pierde seis hombres.
    Odiseo carga con la culpa y el dolor por estas pérdidas, lo que lo humaniza y lo obliga a reflexionar sobre sus decisiones.

Las hibris de Odiseo

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Aunque Odiseo es el arquetipo del héroe inteligente, tenaz y resistente, Homero lo presenta como un personaje profundamente humano, con virtudes y defectos entrelazados. Entre sus cualidades destacan su astucia, perseverancia y liderazgo, pero también carga con una tendencia recurrente a la hybris, el orgullo excesivo que desafía las leyes divinas y humanas.

Esta arrogancia no surge en momentos de debilidad, sino justo después de sus mayores triunfos, cuando el éxito parece nublar su habitual prudencia. Tal sucede en el episodio de Polifemo al revelarle su verdadero nombre tras haberlo cegado. La jactancia ante el cíclope no es un error menor, sino el punto de inflexión que determina el curso de toda su odisea. Mientras que Atenea lo protege por su inteligencia y favor divino, Poseidón lo perseguirá por su desprecio, demostrando cómo la hybris puede anular incluso los logros más brillantes.

En otros casos la hibris de Odiseo no es tan explícita:

  1. Canto XLa bolsa de los vientos   Odiseo no comparte con sus hombres la información sobre el odre de los vientos que le había regalado Eolo, y se duerme, mostrando una excesiva confianza en sí mismo como único capaz de llevar la nave a buen puerto. Desconocedores del contenido sus hombres abren el odre y desatan la tempestad. La hibris del héroe los lleva al desastre.
  2. Canto XIILas vacas del Sol   Después de advertir expresamente a sus compañeros que no toquen el ganado de Helios, Odiseo se duerme nuevamente tras una noche de vigilia. Los hombres, hambrientos, sacrifican las vacas.
    De nuevo, la hybris aparece en su exceso de confianza: cree que su autoridad y su advertencia bastan, sin tomar medidas más drásticas. El resultado es la destrucción total de la flota y la muerte de todos sus compañeros, castigo directo de Helios a través de Zeus.

Homero muestra en estos episodios que incluso el más astuto y valiente puede caer en el orgullo excesivo, y que el verdadero heroísmo incluye aprender a reconocer y corregir los propios límites. El Canto IX establece esta debilidad desde el principio y explica narrativamente por qué el regreso es tan largo y doloroso: no sólo por la ira de Poseidón, sino porque Odiseo debe expiar y superar su propia soberbia.

La maduración final

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El Odiseo que llega a Ítaca en el Canto XIII ya no es el mismo que salió de Troya. Ha aprendido a controlar su orgullo —se disfraza de mendigo, soporta insultos—, a ser paciente y a priorizar la restauración del orden familiar y social sobre la gloria personal inmediata.

El viaje entero ha sido una larga educación moral: de guerrero arrogante y curioso a hombre prudente y piadoso.

La Odisea, de Homero

Referencias

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  1. a b c d e f g h i j k l m n ñ o Homero. La Odisea: CANTO IX. Relatos a Alcínoo-Ciclopea. Traducción de Luis Segalá y Estalella. Vía Wikisource.
  2. Laertíada o Laertiada (Λαερτιάδης): «el hijo de Laertes», patronímico usado en momentos solemnes.
  3. En este momento del poema sucede algo que conoceremos con posterioridad, en la Ciclopea: Marón, sacerdote de Apolo, y su familia, fueron respetados y se salvaron. Lo agradecieron a Odiseo con unos presentes, entre los que estaba el exquisito vino con el que el aqueo embriagará a Polifemo.
  4. «sophrosyne», en griego antiguo: mente sana, corazón equilibrado.
    De σῶς («sōs»: sano, entero) y φρήν («phrēn»: mente, corazón, entendimiento)

Bibliografía

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Bibliografía general sobre la Odisea

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La obra, en línea:

  1. Versiones en lengua original
    1. Όμηρος (Homero), «Οδύσσεια (Odisea)», disponible en Βικιθήκη (Wikisource en griego)
    2. Proyecto Perseus. Texto griego original, traducción y herramientas de análisis.
      Homero, Odisea. Vía Perseus Digital Library (en inglés).
  2. Versiones en español
    1. García Gual (2004)
      Homero, Odisea. Introducción y traducción de Carlos García Gual (2004). Alianza Editorial 2008. Vía Internet Archive. Consultado el 18 de diciembre de 2025.
    2. Pabón (1982)
      Homero, Odisea. Traducción de José Manuel Pabón (1982). Editorial Gredos 1993. ISBN 84-249-0302-1. Vía Internet Archive. Consultado el 5 de diciembre de 2025.
    3. Segalá y Estalella (1910)
      Homero. La Odisea. Traducción de Luis Segalá y Estalella. Vía Wikisource.

Véase también

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Enlaces externos

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