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Eduard Bernstein

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Eduard Bernstein


Miembro del Reichstag
por Brandeburgo
7 de junio de 1920-20 de mayo de 1928


Miembro del Reichstag Imperial
por Silesia
13 de enero de 1912-10 de noviembre de 1918
Predecesor Otto Pfundtner
Sucesor Disolución del Reichstag

13 de enero de 1901-25 de enero de 1907
Predecesor Bruno Schönlank
Sucesor Otto Pfundtner

Información personal
Nacimiento 6 de enero de 1850 Ver y modificar los datos en Wikidata
Friedrichstadt (Alemania) Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 18 de diciembre de 1932 Ver y modificar los datos en Wikidata (82 años)
Berlín (República de Weimar) Ver y modificar los datos en Wikidata
Sepultura I. Städtischer Friedhof Eisackstraße Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Alemana
Religión Judío
Familia
Padre Jakob Itzig Bernstein Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Filósofo, escritor, economista, redactor, historiador e historiador económico Ver y modificar los datos en Wikidata
Movimientos Socialdemocracia, Revisionismo
Obras notables Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia
Partido político
Distinciones
  • Harvard Centennial Medal Ver y modificar los datos en Wikidata

Eduard Bernstein (Berlín, 6 de enero de 1850 - Berlín, 18 de diciembre de 1932) fue un político socialdemócrata alemán de origen judío.[1]​ Miembro del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD),[2]​ Bernstein es conocido por su crítica reformista al marxismo, denominado como "revisionismo" o "socialismo evolutivo", en el que cuestionó las predicciones revolucionarias de Karl Marx y abogó por un camino gradual y parlamentarista hacia el socialismo. Su trabajo político y teórico jugó un papel importante en el desarrollo de la socialdemocracia moderna y el socialismo reformista.[3][4]

Nacido en una familia judía de clase media baja en Berlín, Bernstein se volvió un activista en la política socialista a los veinte años. Entre 1887[5]​ o 1888[1]​ se exilió a Suiza y Londres[1]​ durante el período de las Leyes Antisocialistas en Alemania, donde se convirtió secretario privado de Karl Höchberg y un estrecho colaborador de Friedrich Engels.[6]​ Tras este contacto Bernstein es nombrado redactor de la publicación del partido Der Sozialdemokrat.[7]​ Entre 1880 y 1890 que Bernstein estableció su reputación como un importante teórico socialista del partido y defensor de la "ortodoxia marxista". Bernstein fue uno de los autores del Programa de Erfurt (1891) como sustituto del anterior Programa de Gotha, previamente criticado por Marx. Durante su estancia en Londres, sus interacciones con la reformista Sociedad Fabiana de socialismo moderado y su observación de la estabilidad del capitalismo victoriano tardío le llevaron a cuestionar los principios clave del marxismo ortodoxo.[8][9]

Después de la muerte de Engels en 1895, Bernstein comenzó a articular públicamente sus puntos de vista revisionistas. En su obra más influyente, Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia (1899; también conocido como Socialismo evolutivo), rechazó partes importantes de la teoría marxista que se basaban en la dialéctica hegeliana, como la concepción materialista de la historia; y rechazó la teoría del valor, la plusvalía, el inevitable colapso del capitalismo, la desaparición de la clase media y el creciente empobrecimiento del proletariado de la economía marxista. En cambio, argumentó en favor del neokantismo y el evolucionismo social mediante reformas sociales y políticas graduales que los socialistas deberían trabajar a través de instituciones democráticas y de la acción sindical en lugar de una revolución violenta. Su famoso aforismo, "el objetivo no es nada, el movimiento todo", encapsuló su enfoque práctico y democrático por encima de los objetivos revolucionarios.[10][11][12][5]

Aunque sus puntos de vista fueron condenados oficialmente por el SPD, el cual mantuvo su ortodoxo programa de Erfurt, las políticas prácticas del partido fueron en gran medida reformistas, lo que reflejó la realidad descrita por Bernstein. Su trabajo provocó importantes debates dentro del movimiento socialista internacional, enfrentándolo a él y a sus partidarios contra "marxistas ortodoxos" como su amigo "centrista" Karl Kautsky o radicales como Rosa Luxemburgo y Lenin.

Durante la Primera Guerra Mundial, los principios de Bernstein lo llevaron a romper con la política probélica mayoritaria del SPD y cofundar el antibelicista Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania (USPD), aunque se reincorporó al SPD después de la guerra. Desde 1920 sirvió en el Reichstag durante la República de Weimar, donde continuó abogando por la democracia y la paz hasta su retirada de la vida política en 1928. Murió en Berlín a finales de 1932, semanas antes del ascenso al poder de los nazis.

Biografía

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Primeros años

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Eduard Bernstein nació en Schöneberg (ahora parte de Berlín) el 6 de enero de 1850, una época de reacción política en Alemania tras el fracaso de las revoluciones de 1848.[13]​ Fue el séptimo de quince hijos nacidos de Jakob Bernstein, un ingeniero ferroviario, y su esposa, Johanne. Su familia era de origen polaco-judío, aunque habían sido seculares durante dos generaciones; celebraban la Navidad como una fiesta alemana en lugar de religiosa.[14]​ Este entorno fomentó en Bernstein una visión del mundo escéptica desde una edad temprana.[15]​ Los ingresos de la familia eran modestos, lo que los colocaba en la "pobreza refinada" de la clase media baja, o pequeña burguesía.[16][14]​ Su tío, Aaron Bernstein, fue un destacado periodista liberal y autor de libros de divulgación científica.[14]

A los dieciséis años, Bernstein dejó la escuela sin terminar el Gymnasium debido a la situación financiera de su familia y comenzó un aprendizaje en un banco de Berlín.[17][18]​ Trabajó como empleado bancario desde 1869 hasta 1878, una profesión que le proporcionó un medio de vida pero que no capturó sus intereses principales.[17][19]​ Su verdadera educación fue autodirigida y desarrolló actividades intelectuales en teatro, poesía y filosofía.

Comienzos políticos

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El despertar político de Bernstein se produjo durante la guerra franco-prusiana de 1870-1871. Inicialmente un patriota, simpatizó con la postura antibélica de los líderes socialistas August Bebel y Wilhelm Liebknecht después de que fueran acusados de traición.[20]

La carrera política de Bernstein comenzó en 1872. En febrero de ese año, después de leer obras de Ferdinand Lassalle y quedar particularmente impresionado por un discurso del agitador socialista Friedrich Fritzsche, Bernstein y sus amigos se unieron al Partido Socialdemócrata Obrero de Alemania, conocido como los "Eisenachers" por la ciudad donde se fundaron.[21][22]​ Rápidamente se convirtió en un hábil orador público y un miembro activo del partido, realizando agotadoras giras de conferencias y participando en debates con el partido socialista lassalleano rival.[23]​ Su partido disputó dos elecciones contra un partido socialista rival, los Lassalleanos (Asociación General de Trabajadores de Alemania de Ferdinand Lassalle), pero en ambas elecciones ninguno de los partidos pudo obtener una mayoría significativa del voto de izquierda. [24]

Los dos libros más influyentes sobre el joven Bernstein fueron La guerra civil en Francia, una exaltación de la Comuna de París, de Karl Marx, y Cursus der National- und Sozialökonomie de Karl Eugen Dühring.[25]​ Su entusiasmo por la obra de Dühring resultó contagioso, y jugó un papel decisivo en la popularización de las ideas de Dühring dentro del movimiento socialista, incluso presentándolas a Bebel.[26][27]​ Este apego temprano al pensamiento de Dühring, una mezcla de positivismo e idealismo, sería exorcizado más tarde en 1878 por la aguda crítica de Friedrich Engels, el Anti-Dühring.[23]​ La publicación de Engels supuso el comienzo de una nueva etapa marxista.

En medio del acoso del gobierno y las divisiones internas, los eisenachers y los lassalleanos reconocieron la necesidad de unidad. En 1875, junto con August Bebel y Wilhelm Liebknecht, prepararon el Einigungsparteitag ("Congreso del Partido de Unificación") con los lassalleanos en Gotha en 1875, donde las dos facciones se fusionaron en un congreso de Gotha. Bernstein, con veinticinco años, fue delegado a la conferencia preliminar y participó en la creación del partido unificado, que se convertiría en el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD).[28]​ El Programa de Gotha resultante fue un compromiso entre las ideas marxistas y lassalleanas, que provocó una aguda crítica del propio Marx. En su famosa Crítica del Programa de Gotha criticaba lo que él veía como una victoria lassalleana sobre el Eisenachers, a quienes favorecía.[29]​ Bernstein señaló más tarde que fue Liebknecht, considerado por muchos el más fuerte defensor marxista dentro de la facción de los Eisenacher, quien propuso la inclusión de muchas de las ideas que tanto irritaban a Marx.[30]

Exilio político

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Bernstein en 1878.

En las elecciones federales de Alemania de 1877, el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) obtuvo 493 000 votos. Sin embargo, en 1878, tras dos intentos de magnicidio contra el káiser Guillermo I, el canciller Otto von Bismarck promulgó las Leyes Antisocialistas, que prohibían las organizaciones, reuniones y publicaciones socialistas.[31]​ No hubo participación socialdemócrata en ninguno de los intentos de asesinato, pero la reacción popular contra los "enemigos del Reich" indujo a un Reichstag complaciente a aprobar la estricta legislación antisocialista de Bismarck el 12 de octubre de 1878.[32]​ Para casi todos los efectos prácticos, el SPD fue ilegalizado y activamente reprimido en toda Alemania. Sin embargo, todavía era posible para los socialdemócratas hacer campaña individualmente para las elecciones al Reichstag, lo que hicieron a pesar de una severa persecución. De hecho, el partido aumentó su éxito electoral, obteniendo 550 000 votos en 1884 y 763 000 en 1887.

La vehemencia de la oposición de Bernstein al gobierno de Bismarck hizo deseable que abandonara Alemania.[33]​ Justo antes de que la ley entrara en vigor, Bernstein aceptó una oferta para convertirse en secretario privado de Karl Höchberg, un rico simpatizante socialista discípulo del neokantiano Friedrich Albert Lange,[34]​ y se mudó a Zúrich, Suiza, en octubre de 1878. Lo que esperaba que fuera una estadía temporal se convirtió en un exilio de más de veinte años.[35][36]

Zúrich

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Bernstein en c. 1880

En Zúrich, Bernstein trabajó con Höchberg en varios proyectos editoriales. Su primera empresa, una reimpresión de la Quintaesencia del socialismo de Karl Christian Friedrich Krause, tenía como objetivo convertir a la intelectualidad al socialismo, una táctica de "permeación" que Marx desdeñaba.[37]​ Durante este período, Bernstein se encontró con el Anti-Dühring de Engels, un libro que, según recordó: “Me pareció irrebatible en todos los puntos esenciales y se convirtió así en mi credo socialista”;[7]​ "me convirtió al marxismo".[37]

Der sozialdemokrat (1879).

En 1879, Bernstein se vio envuelto en una controversia que causó serias fricciones con Marx y Engels, a quienes nunca había conocido. Tuvo un papel menor en la publicación de un artículo anónimo en un nuevo Anuario de Ciencias Sociales, financiado por Höchberg.[38]​ El artículo, escrito por Karl Flesch y revisado por Höchberg, criticaba al SPD por su enfoque proletario y su "odio a la burguesía".[39]​ Marx y Engels estaban furiosos, creyendo que el artículo representaba una toma burguesa del órgano del partido.[40]​ La polémica fue plasmada por Marx y Engels en su «Carta circular a August Bebel, Wilhelm Liebknecht, Wilhelm Bracke y otros» (1879), siendo Bernstein uno de los tres afectados por la crítica al ser una figura clave en este "trío de zúrichers" y exigieron que Höchberg fuera expulsado del partido.[41][42]

A pesar de este incidente, el SPD estableció su periódico oficial, aunque ilegal, Der Sozialdemokrat, en Zúrich en septiembre de 1879.[40]​ Bernstein estuvo activo con el periódico desde el principio. En 1880, viajó a Londres acompañado por Bebel para aclarar un malentendido relativo a su implicación en un artículo publicado por Höchberg que fue denunciado por Marx y Engels como "repleto de ideas burguesas y pequeñoburguesas". La visita fue un éxito. Bernstein se ganó la plena confianza de los "londinenses", y su relación con Engels se convirtió en una estrecha amistad y una correspondencia de por vida.[43][44]​ En ello le ayudó la estrecha relación personal y profesional que estableció con Engels. La relación se debía en gran medida al hecho de que compartía la visión estratégica de Engels y aceptaba la mayoría de las políticas particulares que Engels creía que implicaban las ideas. Bernstein criticó las políticas reformistas estatales de Otto von Bismarck:

En relación con la llamada 'reforma social' en Alemania, el Congreso declara que no cree en las intenciones honestas... de las clases dominantes... la llamada reforma social está siendo utilizada sólo como una maniobra táctica para desviar a los trabajadores del camino correcto.[45]

De regreso a Zúrich en enero de 1881, Bernstein fue nombrado editor de Der Sozialdemokrat, cargo que ocupó durante diez años.[46]​ Bajo su liderazgo, y con Engels como asesor frecuente, el periódico se convirtió, en palabras de Engels, en "incuestionablemente el mejor periódico que ha tenido este partido".[47]​ Durante sus años en Zúrich, Bernstein se convirtió en uno de los miembros clave del SPD, y su círculo de amigos incluía a futuras luminarias socialistas como Karl Kautsky.[47][44]

Londres

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Congreso Internacional Socialista de Trabajadores de 1893 en Zúrich con Friedrich Engels (centro), Clara Zetkin (a la izquierda de Engels) y August Bebel con su mujer (a la izquierda), y Bernstein (cortado a la derecha) junto con su mujer Regina.

En 1888, bajo la presión de Bismarck, el gobierno suizo expulsó al personal de Der Sozialdemokrat. Bernstein y sus colegas se mudaron a Londres, donde reanudó la publicación desde sus instalaciones en Kentish Town y se convirtió en su hogar durante los siguientes trece años.[48][49]​ Continuó editando el periódico hasta que las Leyes Antisocialistas caducaron en 1890. Con el SPD ahora capaz de operar legalmente en Alemania, el periódico exiliado ya no era necesario, y Bernstein, todavía bajo acusación en Alemania, se encontró sin su puesto editorial. Comenzó a ganarse la vida como escritor independiente y corresponsal en Londres para el nuevo periódico oficial del SPD, Vorwärts, y la revista teórica de Kautsky, Die Neue Zeit.[50][51]

La década de 1890 fue una década crucial para el desarrollo intelectual de Bernstein. Pasaba gran parte de su tiempo en la sala de lectura del Museo Británico, el mismo lugar donde Marx había trabajado durante tanto tiempo.[52]​ Fue responsable de las secciones tácticas del nuevo Programa de Erfurt del SPD de 1891, que era en gran parte marxista en sus secciones teóricas redactadas por Kautsky.[53][54]​ También emprendió una importante obra histórica, Sozialismus und Demokratie in der grossen englischen Revolution (Socialismo y democracia en la Gran Revolución inglesa), publicada en 1895 como el volumen final de La historia del socialismo. Un estudio pionero de la Guerra Civil Inglesa desde una perspectiva social y económica, el libro fue una contribución original a la erudición, particularmente por su "descubrimiento" del pensador comunista Gerrard Winstanley.[55]​ Su otro trabajo importante de este período fue una biografía política muy crítica de Ferdinand Lassalle, que tenía como objetivo desmantelar la "Leyenda de Lassalle" dentro del movimiento obrero alemán.[51]

A lo largo de sus primeros años en Londres, Bernstein permaneció a la sombra de Engels, quien era la autoridad preeminente en el marxismo.[56]​ Su relación se convirtió en amistad. Cuando Engels murió en agosto de 1895, nombró a Bernstein como uno de sus albaceas literarios, un signo de total confianza.[57][58]​ Fue solo después de la muerte de Engels que Bernstein se sintió libre de cuestionar públicamente el "marxismo ortodoxo" que había heredado.[57]​ Su tiempo en Inglaterra tuvo un profundo impacto en su pensamiento. Observó una sociedad capitalista estable y próspera con fuertes tradiciones democráticas y un movimiento obrero reformista, en lugar de revolucionario.[59]​ También se comunicó con varias organizaciones socialistas inglesas, en particular la Federación Socialdemócrata de Henry Mayers Hyndman[60]​ y sobre todo con la Sociedad Fabiana, cuyos líderes incluían a George Bernard Shaw, Sidney Webb y Beatrice Webb. En años posteriores, sus oponentes afirmaban habitualmente que su "revisionismo" se debía a que veía el mundo "a través de espectáculos ingleses". Engels ya advirtió a Bebel en 1892 acerca de las inclinaciones de Bernstein por los fabianos.[61]​ Si bien Bernstein negó más tarde que el fabianismo fuera la fuente directa de sus nuevos puntos de vista, e incluso criticó su "pragmatismo sin visión", el enfoque gradualista, empírico y ético del socialismo de los fabianos indudablemente reforzó la dirección de su propio pensamiento.[62][63]

Deriva revisionista

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Bernstein en 1895.

En 1895, Engels quedó profundamente angustiado cuando descubrió que su introducción a una nueva edición de Las luchas de clases en Francia, escrita por Marx en 1850, había sido editada por Bernstein y Kautsky de una manera que dejaba la impresión de que se había convertido en un defensor de un camino pacífico hacia el socialismo. El 1 de abril de 1895, Engels escribió a Kautsky:

"Me sorprendió ver hoy en el Vorwärts un extracto de mi 'Introducción' que había sido impreso sin mi conocimiento y manipulado de tal manera que me presentara como un defensor pacífico de la legalidad quand même (a toda costa). Razón de más por la que me gustaría que apareciera íntegro en el Neue Zeit, para borrar esta impresión vergonzosa. No dejo ninguna duda a Liebknecht sobre lo que pienso al respecto y lo mismo se aplica a aquellos que, sean quienes sean, le dieron esta oportunidad de pervertir mis puntos de vista y, además, sin siquiera decirme una palabra al respecto".[64]

Tras la muerte de Engels en 1895 publicó entre 1896 y 1898 en la revista Die Neue Zeit una serie de artículos críticos de las tesis del marxismo, que consideró "contrarias a las afirmaciones de Marx y Engels",[65]​ titulados Probleme des Sozialismus (Problemas del socialismo). Estos artículos dieron lugar al debate o "controversia del revisionismo" en el movimiento socialista alemán entre 1898 y 1899.[66][67]​ Bernstein llegaría a confesar en 1898 a Víctor Adler que la doctrina marxista «no es lo suficientemente realista para mí, se ha quedado, por así decirlo, a la zaga del desarrollo práctico del movimiento»;[68]​ y también declaró a August Bebel que El capital de Marx era «una obra tendenciosa» e «incompleta», siendo más una «pieza de propaganda» que una obra científica.[69]

Sobre los artículos de Bernstein, Bebel declaró a Kautsky que eran «vergonzosos... ¿qué diría Engels si viera ahora cómo Ed. está socavando todo lo que él mismo una vez ayudó a construir?», notificándole que «el oportunismo más espantoso se está extendiendo entre nosotros como la pólvora». A su vez, Bebel escribió advirtiendo a Bernstein sobre su recurrente periodo de «dudas» y «mutaciones» ideológicas que debía cesar de inmediato, recordándole su polémica de 1879:

«Se unió al partido como Eisenachista. Unos años más tarde, bajo la influencia de la literatura y las conferencias de Dühring, se convirtió en un entusiasta seguidor de Dühring. Entonces conoció a Hochberg. Ambos se retiraron a un idílico retiro junto a los lagos de los Alpes italianos, y en su compañía se convirtió, sit venia verbo, en hochbergiano. Fue en esta condición que colaboró con Hochberg y Schramm en la redacción de ese nocivo artículo (1879) que tanto nos enfureció a todos y que tan profundamente recuerda sus opiniones actuales, solo que ahora va aún más lejos. Este artículo y lo sucedido en relación con Hochberg fueron, como usted también sabe, la causa de nuestro "viaje a Canossa" para ver a Engels en Londres, donde, de hecho, usted fue el verdadero "penitente" y yo serví como su "guía y defensor" contra la ira de los dos ancianos».[70]

En octubre de 1898, durante el congreso de Stuttgart del SPD se llegó a lanzar una resolución condenando el «revisionismo» en su ausencia, aunque se permitió que Bernstein permaneciera en el partido. Así, Clara Zetkin defendió que Bernstein merecía «crédito por haber tocado una serie de problemas que necesitaban una investigación científica exhaustiva», pero denunciaba sus conclusiones.[71][72]​ Similarmente, Kautsky declaró que: «Bernstein no nos habrá disuadido, pero nos ha dado algo en lo que pensar; deberíamos estarle agradecidos por eso».[71]​ La hija menor de Karl Marx, Eleanor, escribió a Karl Kautsky que Bernstein estaba «terriblemente irritable», saturado de un «pesimismo infeliz» y le apeló que: «solo tú puedes hacer que Ede sea nuestro Ede de nuevo». Kautsky de que escribiera sus ideas de manera precisa.[73]​ Mas dura fue la respuesta del marxista ruso Gueorgui Plejánov, quien sostuvo que «Bernstein mastica solo economistas burgueses» y, por lo tanto: «¿Por qué deberíamos estarle agradecidos a él y no a estos economistas?»[74]​ Lenin tambiéen siguió la opinión de Plejánov: «¿qué aportaron de nuevo a esta teoría aquellos bulliciosos "renovadores", que tanto ruido han levantado en nuestros días, agrupándose en torno al socialista alemán Bernstein? Absolutamente nada».[75]

Estas polémicas culminaron en 1899 con la publicación del libro Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia (Die Voraussetzungen des Sozialismus und die Aufgaben der Sozialdemokratie, traducido al inglés como Socialismo evolutivo).[76][65]​ La crítica de Bernstein al marxismo fue exhaustiva, apuntando a su filosofía, predicciones económicas y estrategia política. Su argumento central era que la realidad del capitalismo de finales del siglo XIX había divergido significativamente de los pronósticos de Marx. Este "silencio" (moulting) ideológica, como él la llamó, requería que los socialistas reconciliaran sus teorías con los hechos.[77]​ El libro creó una tormenta inmediata de controversia dentro del movimiento socialista internacional y Bernstein fue duramente criticado por August Bebel, Wilhelm Liebknecht, Paul Lafargue, Karl Kautsky,[78]Rosa Luxemburgo,[79]Gueorgui Plejánov[80]​ y Lenin.[81]​ En 1900, Bernstein publicó Zur Geschichte und Theorie des Sozialismus (La historia y la teoría del socialismo).[82]

Regreso a Alemania

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Residencia de Bernstein en Berlín desde 1918 hasta su muerte.[83]

Después de que se permitiera que expirara la orden de arresto, Bernstein regresó a Alemania en febrero de 1901.[84][85]​ Ahora era el líder intelectual de un movimiento significativo, aunque controvertido, dentro del SPD. Fue muy solicitado como orador público, y en 1902 fue elegido para el Reichstag en representación de la circunscripción de Breslau-Oeste, un escaño que ganó con un amplio apoyo de todo el partido.[86][87]​ Bernstein se convirtió en editor del periódico Vorwärts[82][88]​ y sirvió en el Reichstag durante la mayor parte de las siguientes tres décadas (1902-1906, 1912-1918 y 1920-1928).[89]​ En el parlamento, se especializó en temas de impuestos, comercio internacional y derecho constitucional.[90]

Su regreso intensificó los "debates de Bernstein" dentro del SPD. En sucesivos congresos del partido, particularmente el de Dresde en 1903, sus teorías fueron objeto de acaloradas discusiones. La dirección del partido, dominada por Bebel y Kautsky, condenó oficialmente el revisionismo y reafirmó los objetivos revolucionarios del Programa de Erfurt.[91][92]​ Plejánov consideró insuficiente la denuncia del SPD sin la expulsión de Bernstein.[72]​ Sin embargo, la práctica cotidiana del SPD continuó siendo en gran medida reformista, y las opiniones de Bernstein encontraron un apoyo amplio, aunque a menudo no reconocido, especialmente entre los líderes sindicales y las secciones sureñas alemanas del partido.[93]​ El propio Bernstein siguió siendo un miembro leal, aunque crítico, del partido, y continuó abogando por una política de reforma democrática y alianzas con elementos progresistas de la burguesía.[94][95]

Primera Guerra Mundial

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Bernstein en c. 1919.

El estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 enfrentó a Bernstein y al SPD con su prueba más severa. Bernstein inicialmente aceptó el argumento de que Alemania estaba librando una guerra defensiva contra la Rusia zarista y, con el corazón apesadumbrado, votó con la mayoría del SPD para aprobar los bonos de guerra el 4 de agosto de 1914.[96][97][98]​ Se había visto profundamente afectado por el asesinato de su amigo, el líder socialista francés Jean Jaurès, que creía erróneamente que había sido diseñado por agentes rusos.[96]

Sin embargo, a medida que salió a la luz la documentación de los objetivos de guerra agresiva de Alemania, la posición de Bernstein cambió drásticamente. Más tarde llegó a considerar su voto a favor de los créditos de guerra como el "día más oscuro" de su vida política.[99]​ Sus sentimientos anglófilos y su profundo compromiso con el internacionalismo y la verdad lo llevaron a convertirse en un opositor vocal de la guerra.[100][97]​ Rompió drásticamente con sus antiguos aliados revisionistas del ala derecha del SPD, quienes se habían convertido en firmes defensores del esfuerzo bélico alemán.[99][101]​ Comenzó a publicar artículos denunciando el chovinismo alemán y las ambiciones anexionistas, lo que lo aisló de sus antiguos colegas revisionistas y llevó a la terminación de su larga colaboración con el Sozialistische Monatshefte.[102][103]​ Realizó grandes esfuerzos personales por mantener los vínculos socialistas internacionales, participando en conferencias contra la guerra como la Conferencia de Zimmerwald de 1915.[104]

El 20 de marzo de 1915, formó parte de una minoría de diputados del SPD que abandonaron la cámara en lugar de votar por más créditos de guerra.[105]​ En junio de 1915, él, Kautsky y Hugo Haase publicaron un manifiesto, "La demanda del momento", que condenaba la guerra como una empresa imperialista.[105][103]​ La creciente división dentro del SPD se hizo permanente en marzo de 1916, cuando Haase y sus seguidores fueron expulsados del partido parlamentario. Bernstein los siguió, y en abril de 1917, se convirtió en miembro fundador del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania (USPD) contra la guerra que unía a socialistas pacifistas, incluidos reformistas como Bernstein; "centristas", como Kautsky; y "socialistas revolucionarios", como Karl Liebknecht.[106][107]

República de Weimar y últimos años

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Bernstein en 1922.

Durante la Revolución Alemana de 1918-1919, Bernstein se desempeñó como secretario adjunto en el Departamento del Tesoro bajo el gobierno provisional formado por el SPD y el USPD, el Consejo de Comisarios del Pueblo.[108][109][110]​ Fue uno de los pocos miembros del USPD que permaneció en su puesto tras el colapso de la coalición entre el SPD y el USPD a finales de diciembre de 1918. La principal preocupación política de Bernstein durante la revolución fue la reunificación del movimiento socialista alemán. Argumentó que la división provocada por la guerra ya era obsoleta e hizo campaña por un frente unido para construir la nueva república.[111]​ En un gesto simbólico, se reincorporó al SPD el 24 de diciembre de 1918 mientras aún era miembro del USPD, convirtiéndose en un "proyecto demostrativo de unidad unipersonal".[112]​ Sus esfuerzos inicialmente no tuvieron éxito, y se frustró con el ala radical del USPD y su adhesión al bolchevismo. Durante el levantamiento espartaquista de enero de 1919, trabajaba en el Tesoro y escapó por poco de ser herido durante intensos combates cerca de su oficina.[110]​ Abandonó formalmente el USPD en marzo de 1919 después de que este prohibiera la doble afiliación, publicando una carta abierta titulada "Auf Wiedersehen!" ("¡Adiós!") para explicar su marcha.[113]

Bernstein fue uno de los primeros historiadores de la Revolución Alemana, ofreciendo una detallada perspectiva socialdemócrata sobre los acontecimientos. En su libro Die deutsche Revolution (1921; La Revolución Alemana), analizó el curso de la revolución y destacó los peligros tanto de los golpes de Estado de estilo bolchevique como de la reacción derechista. En otra obra, Wie eine Revolution zugrunde ging (1921; Cómo pereció una revolución), trazó instructivos paralelismos entre la Revolución Alemana y la Revolución Francesa de 1848, un acontecimiento histórico que influyó enormemente en sus teorías revisionistas.[114]

De 1920 a 1928, Bernstein volvió a ser miembro del Reichstag tras la derrota de Alemania en la guerra y la instauración de la República de Weimar. El 4 de marzo de 1920, como experto en las relaciones anglo-alemanas bajo el Imperio alemán, se convirtió en miembro del comité parlamentario que investigaba la cuestión de la culpabilidad en la guerra. Fue uno de los pocos diputados del comité que admitió la responsabilidad de Alemania por el estallido de la guerra, diferenciándose de la mayoría de los miembros del Reichstag en los partidos burgueses.[115]

Bernstein en 1932.

Durante toda la República de Weimar, Bernstein fue una voz valiente por la razón y la democracia. En el congreso del partido SPD de 1919, argumentó en contra del sentimiento nacionalista generalizado en su partido, insistiendo en la parte de responsabilidad de Alemania en la guerra y la necesidad de aceptar el Tratado de Versalles, a pesar de su dureza.[116][117]​ Su compromiso inquebrantable con la verdad le valió el ridículo de sus colegas, pero subrayó su integridad.[118]​ También se convirtió en un firme opositor del bolchevismo, al que consideraba una perversión "brutalizada" y dictatorial del marxismo, argumentando que sus métodos eran funcionalmente indistinguibles de los del fascismo emergente.[119][120][121]​ Su papel fue fundamental en la redacción del reformista Programa de Görlitz del SPD de 1921,[122][123]​ aunque fue reemplazado en gran medida por el Programa de Heidelberg más ortodoxo en 1925, tras la reunificación del SPD con los restos del USPD.[122][124][125]

A medida que la República de Weimar se tambaleaba, Bernstein se encontró cada vez más aislado. La dirección del partido estaba demasiado preocupada por su propia versión de la realpolitik como para prestar atención a sus advertencias contra los crecientes peligros tanto de la reacción derechista como del comunismo.[126]

Finalmente, Bernstein se retiró de la vida política en 1928 por su longeva edad, aunque no de la actividad periodística. Emitió un manifiesto con Kautsky instando al SPD a protegerse contra "los enemigos mortales de la república", la alianza de los grandes terratenientes, los capitanes de la industria y los comunistas.[126][127]

Muerte y legado

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Tumba de Bernstein en Berlín.

Bernstein murió el 18 de diciembre de 1932 en Berlín, a la edad de 82 años.[128][129]​ El periódico El Socialista del órgano del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) la describió su muerte como "una pérdida sensible para el Socialismo internacional", cuyo trabajo y el de Kautsky fueron origen de las teorías y tendencias socialistas actuales.[130]

Su funeral fue la ocasión para una manifestación masiva contra el naciente Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán.[129]​ Se salvó de presenciar el colapso final de la república que había defendido, ya que Adolf Hitler se convirtió en canciller de Alemania seis semanas después.[16]

En su memoria hay una placa conmemorativa en Bozener Straße 18, Berlín-Schöneberg, donde vivió desde 1918 hasta su muerte. Su tumba en el cementerio de Eisackstraße se convirtió en una tumba de honor (en alemán: Ehrengrab) en Berlín.

Pensamiento y opiniones políticas

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Revisionismo

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Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia (1906).

En una Alemania a punto de convertirse en la primera potencia industrial europea, Bernstein constató que las "predicciones" de Karl Marx en su obra El capital no se estaban cumpliendo pues ni se vislumbraba el colapso del capitalismo víctima de sus propias contradicciones ni el proletariado vivía en unas condiciones cada vez más miserables. Bernstein cuestionó varias tesis de Marx y Engels, las cuales interpretó desde un punto de vista reformista, separando "las doctrinas sociales e históricas de Marx y su aplicación práctica".[131]

En ¿Es posible el socialismo científico? (1901) Bernstein negó la posibilidad del "socialismo científico". Para Bernstein, ningún "ismo" puede ser una ciencia, sino que esta última se centra solo en no el conocimiento y no en doctrinas o tareas prácticas.[132]​ El deber de todo marxista no consiste en "repetir eternamente las palabras de sus maestros",[133]​ sino "estudiar las condiciones económicas dadas de la sociedad; seguir de cerca su marcha, determinar qué hacer, no desde un mundo socialista perfecto imaginario, sino desde el mundo muy imperfecto en que vivimos y sus necesidades reales".[131]​ Entonces, para Bernstein, suponer que "las ideas de Marx no sufrieron ningún cambio, significaría que era un dios o un loco".[134]

Así pues, Bernstein procedió a «revisar» buena parte de las tesis marxistas —como la teoría del valor-trabajo o la de la polarización social entre burguesía y proletariado que haría desaparecer a las clases medias—, —y en consecuencia defendió las políticas reformistas para alcanzar el socialismo—, con lo que la contradicción entre teoría y práctica desaparecía.[135]​ Esto le ganó dentro del movimiento marxista ser el padre del «revisionismo».

"La palabra revisionismo, que en el fondo sólo tiene sentido para cuestiones teóricas, traducida a lo político significa reformismo, política del trabajo sistemático de reforma en contraposición con la política que tiene presente una catástrofe revolucionaria como estadio del movimiento deseado o reconocido como inevitable".[136]

En Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia (1899), su obra más significativa, Bernstein criticó el marxismo por su mesianismo determinista, la teoría de la explotación del plusvalor, su predicción del colapso final del capitalismo, el utopismo de la futura sociedad comunista y la revolución como medio para llegar al socialismo. Bernstein estaba principalmente preocupado por las predicciones de Karl Marx sobre la inminente e inevitable desaparición del capitalismo y la consiguiente política de laissez-faire que se oponía a intervenciones sociales de mejora antes de su desaparición. Bernstein indicó hechos simples, que consideró evidencia de que las predicciones de Marx no se estaban cumpliendo, al tiempo que señaló que si bien la centralización de la industria capitalista era significativa, no se estaba volviendo generalizada y que la propiedad del capital se estaba volviendo más y no menos difusa.[88][137]​ Según esta concepción de la economía capitalista a principios del siglo XX, los obreros ya vivían mejor, el capitalismo era más fuerte y existía ya legislación social,[138]​ lo que les conducía a una revisión y "corrección" del pensamiento clásico marxista.

Su pensamiento adopta algunos valores liberales como positivos para "enriquecer" el socialismo. La burguesía de la época no era la que criticaban Marx y Engels, mucho más fragmentaria (grande, pequeña y nuevas clases medias). Parte de ella es susceptible de adherirse al socialismo. Para ello el sufragio universal es el gran arma del proletariado. Donde existe, los obreros tienen más poder y pueden hacer más presión y nacionalizar industrias, hacer cambios sociales. Al igual que los fabianos, Bernstein veía la democracia como «el medio para la lucha en pro del socialismo» y la «forma imprescindible de realización del socialismo», mientras que la dictadura del proletariado la consideraba una forma de «atavismo político». En consecuencia, enlazando en esto con Lassalle, no consideraba al Estado como un instrumento de dominación de clase, como sostenía la interpretación marxista «ortodoxa», sino como el «legítimo guardián del interés general de la colectividad».[139]

La «revisión» de Bernstein, influida por el neokantismo, suscitó un gran debate en el seno de la socialdemocracia alemana y europea en el que Karl Kautsky, el teórico más influyente del SPD, fue el principal defensor de las tesis «clásicas» marxistas —o de la interpretación que había hecho de ellas la corriente «ortodoxa» mayoritaria—.[140]

Filosofía

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Bernstein rechazó la dialéctica hegeliana que formaba el núcleo filosófico del marxismo, viéndola como una "trampa" y un "elemento traicionero" que conducía a predicciones dogmáticas e inexactas. Argumentó que el método dialéctico, con su énfasis en la contradicción y la transformación violenta, era un remanente del utopismo radical que no tenía cabida en un movimiento socialista científico. En lugar del materialismo dialéctico, abogó por un retorno a la filosofía crítica de Immanuel Kant y un mayor énfasis en la ética basado en el neokantismo de Conrad Schmidt.

Para Bernstein, el socialismo no era una inevitabilidad histórica sino un ideal ético. Era algo que debería ser, un objetivo por el que luchar basado en un compromiso con la justicia y la igualdad, en lugar de algo que debe ser el resultado de leyes históricas impersonales. "No se trata, por tanto, del ser (del desarrollo de la historia en basado en leyes científicas) sino, como indiqué antes del deber ser".[141]​ Esta reintroducción de la ética en la teoría socialista fue un desafío directo al "economicismo" determinista del materialismo histórico. De ahí su frase: «¡El objetivo final no es nada, el movimiento lo es todo!».[142]

Esta declaración, a menudo sacada de contexto, no era un rechazo de los objetivos socialistas, sino una afirmación de la primacía del proceso democrático y ético —el "movimiento"— sobre la adhesión dogmática a un resultado único y predeterminado.

Economía

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El revisionismo económico de Bernstein se basaba en su observación de que el capitalismo no se estaba derrumbando, sino que se estaba adaptando y estabilizando. Presentó evidencia estadística para refutar varias predicciones marxistas clave:

  • "Teoría del valor": Bernstein consideraba la teoría del valor-trabajo de Marx como "abstracta" y el concepto de plusvalor como "innecesario" para la teoría de la explotación.[137]​ A su vez, “Böhm-Bawerk”, dijo Bernstein, “reveló ambigüedades realmente existentes en la teoría marxista del valor”.[143]​ Bernstein sugirió centrarse en su lugar en el "plustrabajo", el cual es más empíricamente reconocible.
  • "Concentración de capital": Mientras Marx predijo que el capital se concentraría en cada vez menos manos, Bernstein argumentó que el número de propietarios estaba creciendo, gracias al surgimiento de sociedades anónimas y una estructura de clases más diferenciada. Mostró que las pequeñas y medianas empresas estaban demostrando ser resistentes, no desapareciendo como Marx había pronosticado.
  • "Teoría del colapso/derrumbe": (Zusammenbruchstheorie): Bernstein rechazó la idea de que el capitalismo estaba condenado al colapso a través de crisis económicas cada vez más severas. Argumentó que el desarrollo del sistema crediticio, los cárteles y un mercado mundial mejorado habían dado al capitalismo una mayor adaptabilidad y flexibilidad, lo que hacía menos probables las crisis generales.  
  • "Teoría de la miseria": La teoría marxista de la "miseria creciente" del proletariado era, según Bernstein, incorrecta. Señaló la evidencia de que la clase trabajadora en los países industriales avanzados estaba experimentando una mejora en su nivel de vida. También argumentó que la clase media no estaba desapareciendo sino cambiando su carácter, con el surgimiento de una "nueva clase media" de trabajadores de cuello blanco, técnicos y funcionarios públicos.

A partir de su análisis revisado del capitalismo, Bernstein sacó conclusiones radicales para la estrategia política socialista. Si el capitalismo no estaba al borde del colapso, y si la democracia se estaba expandiendo, entonces el camino hacia el socialismo no era la revolución, sino la reforma parlamentaria gradual y pacífica.

“Su influencia [del SPD] sería mucho mayor de lo que es hoy si la socialdemocracia tuviese el valor de emanciparse de una fraseología actualmente obsoleta y si se decidiera a parecer lo que es hoy en realidad: un partido reformista democrático y socialista”.[144]

Socialismo evolutivo

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Bernstein advirtió que una revolución proletaria violenta, como en Francia en 1848, sólo produciría éxitos reaccionarios, que socavarían los intereses de los trabajadores. Por lo tanto, Bernstein insistió en que la mejor estrategia era construir gradualmente un movimiento social duradero que trabajara por un cambio incremental continuo y no violento.[145]​ El socialismo llega después de una serie de éxitos. No es precisa una revolución violenta para llegar al socialismo, sino una evolución por medio del sindicalismo[146]​ y la acción política pacífica. Así declararía en una carta al congreso de Stuttgart de 1898:

La toma del poder político por la clase obrera y la expropiación de los capitalistas no son en sí mismas metas finales, sino simplemente medios para alcanzar ciertos objetivos y satisfacer ciertas aspiraciones. Como tales, son reivindicaciones del programa de la socialdemocracia, y nadie las cuestiona. No se pueden predecir las circunstancias en las que se cumplirán. Solo podemos luchar por su realización. Pero la toma del poder político no puede lograrse sin derechos políticos, y el problema táctico más importante que la socialdemocracia debe resolver actualmente es, en mi opinión, la mejor manera de extender los derechos políticos e industriales del trabajador alemán. A menos que se encuentre una respuesta satisfactoria a esta pregunta, enfatizar la otra no es, en última instancia, más que retórica vacía.[147]

Propuso en su lugar un "socialismo evolucionista",[134]​ basado en la ética kantiana (véase: Socialismo ético).[141][148]​ Citando a Engels, decía que el socialismo se lograría a través de una lucha «prolongada, tenaz, avanzando lentamente de posición a posición»,[149]​ lo que produciría una especie de evolución del capitalismo dado que por un lado: 1) Las condiciones económicas no eran las suficientes como para permitir la aparición del socialismo; y 2) Que la concentración o acumulación del capital no se había realizado en los términos previstos por Marx, sino por el contrario, se había extendido a través de la generalización de las empresas de capital social. Lo que significaba que en lugar de pauperizar habían mejorado los niveles de vida de amplios sectores de ella[150]​ y que, por otro lado, la ampliación de la democracia y los logros de beneficios sindicales que esa extensión hacía posible significaba que el proletariado tendría cada vez más derechos a defender y por lo tanto, menos razones para una insurrección. Aun así, Bernstein se mantuvo en la ortodoxia al defender las huelgas generales frente a las críticas de antipatriotismo de los nacionalistas.

¿Cuál debe ser la actitud de la socialdemocracia y de la clase obrera alemana si se intenta reducir el sufragio en el Reichstag? ¿Pueden, o pueden, atreverse a contentarse con mítines platónicos? Hacer la pregunta es responderla. Con pleno reconocimiento de las dificultades que afrontaría una huelga política en Alemania... no dudo en declarar: no podemos hacer otra cosa, es necesario, hay que intentar la resistencia.[151]

Bernstein vio la reforma social no como reflejo de la lucha de clases (una "noción simplista" considerada por Bernstein como un "desperdicio completo de tiempo, esfuerzo y material"),[152]​ sino de la democracia: "la democracia significa que en todo momento dado la clase obrera debe pesar en la medida en que lo permita su madurez intelectual y la etapa actual de su desarrollo económico".[153]​ Los socialistas han de ser el partido del proletariado pero no la "dictadura del proletariado", la cual consideraba como una idea "bárbara" y "atávica". Abogó por la expansión de los derechos políticos y económicos a través del Estado. Su gran concepto es el de la democracia, la eliminación de privilegios de clase y la igualdad para los individuos.

La democracia es, en principio, la supresión del gobierno de clase, aunque todavía no es la supresión real de las clases.[154]

Bernstein declaró que la clase media empresarial estaba siendo reclutada constantemente entre la clase proletaria y por lo tanto todas las medidas de compromiso, como la regulación estatal de las horas de trabajo y las provisiones para las pensiones de vejez deberían ser motivado. Por esa razón, Bernstein instó a las clases trabajadoras a interesarse activamente en la política.[88]​ Advirtió que las masas obreras eran, en gran medida, un "animal de rebaño" irracional. La función del movimiento socialista era educar a la clase obrera para ejercer un papel corporativo en la democratización del estado.[152]

Apoyó los gobiernos de coaliciones con los partidos liberales burgueses y si un gobierno socialdemócrata llegase al poder, "no podría en un principio prescindir del capitalismo, a menos que quisiera frenar en seco la vida económica".[152]​ La socialización será gradual y puede hacerse mediante nacionalización o municipalización. Se debe hacer con prudencia. Bernstein no rechazaba algunas empresas privadas. El Estado interviene pero prefiere una legislación eficiente: "una buena ley industrial puede ser mejor que 100 nacionalizaciones". Por lo tanto, acepta que se mantendrán por mucho tiempo o por siempre algunas desigualdades.[cita requerida] El socialismo, por lo tanto, era una variante del "liberalismo organizado".[152]

El análisis de Bernstein sobre la agricultura, según el cual Bernstein creía que la propiedad de la tierra se estaba volviendo menos concentrada, se basó en gran medida en el trabajo de Eduard David[155]​ y, en su recopilación de hechos, fue lo suficientemente impresionante como para que incluso su oponente marxista ortodoxo Karl Kautsky reconociese su valor.

Política exterior

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Bernstein consideraba el colonialismo europeo un instrumento que, pese a su brutalidad, podía transformarse en un medio de progreso si se ejercía una adecuada presión desde la socialdemocracia ("bajo el dominio directo europeo, los salvajes están, sin excepción, mejor que antes").[152]​ Así, Bernstein respaldó después de las masacres hamidianas de 1895 y 1896 a los nacionalistas armenios, que consideraba "civilizados", contra el "medievalista" Imperio otomano.[156]​ Esta posición fue objeto de dura crítica por Karl Kautsky y Ernest Belfort Bax.[152][156][157]

La política exterior fue el principal interés intelectual de Bernstein entre 1902 y 1914, con muchos artículos en el Sozialistische Monatshefte (Mensual Socialista). Abogó por posiciones políticas para Alemania que eran agresivamente nacionalistas, imperialistas y expansionistas.[158][159]

Bernstein consideraba que el proteccionismo (altos aranceles a las importaciones) ayudaba sólo a unos pocos selectivos, siendo fortschrittsfeindlich (antiprogresista) por sus efectos negativos sobre las masas. Sostuvo que el proteccionismo de Alemania se basaba únicamente en la conveniencia política, aislando a Alemania del mundo (especialmente de Gran Bretaña), creando una autarquía que sólo resultaría en un conflicto entre Alemania y el resto del mundo.[160]​ Bernstein quería poner fin al proteccionismo de Alemania y argumentó que los aranceles no aumentaban la producción de cereales, no contrarrestaban la competencia británica, no aumentaban las ganancias agrícolas y no promovían mejoras en la agricultura. En cambio, infló los alquileres, las tasas de interés y los precios, perjudicando a todos los involucrados. Por el contrario, argumentó que el libre comercio conducía a la paz, la democracia, la prosperidad y el mayor bienestar material y moral de toda la humanidad.[161]

Rechazó el nacionalismo burgués reaccionario y llamó en su lugar a un nacionalismo cosmopolita-libertario. Reconoció el papel histórico del factor nacional y dijo que el proletariado debe apoyar a su país contra los peligros externos. Llamó a los trabajadores a asimilarse dentro de los Estados-nación, lo que implicaba el apoyo a las políticas coloniales y a los proyectos imperiales.[162]​ Bernstein simpatizaba con la idea de las expansiones imperiales como una misión positiva y civilizadora, lo que dio lugar a una amarga serie de polémicas con el antiimperialista Ernest Belfort Bax.[163]​ Bernstein apoyó el colonialismo, ya que creía que elevaba a los pueblos atrasados y funcionaba bien tanto para Gran Bretaña como para Alemania. Bernstein apoyó tales políticas de una manera intensamente racializada, argumentando en 1896 que "las razas que son hostiles o incapaces de la civilización no pueden reclamar nuestra simpatía cuando se rebelan contra la civilización" y que los "salvajes [deben] ser subyugados y obligados a ajustarse a las reglas de la civilización superior".[164]​ Sin embargo, le molestaron las políticas imprudentes del káiser. Quería una fuerte amistad, especialmente con Gran Bretaña y Francia, y protección contra la amenaza rusa a Alemania. Imaginó una especie de liga de naciones.[165][166]

Bernstein rechazó la revolución rusa de 1917 producida por el partido bolchevique, que define como "un partido despótico, que pudo retener el poder por medio de una dictadura militar" que estaba creando "un nuevo orden capitalista que difiere del que sólo se diferencia de él por estar en un nivel inferior de cultura". Por otro lado alabó la revolución alemana de 1918, que "dio a los obreros alemanes no sólo derechos políticos, sino que mejoró sus condiciones sociales."[167]

Sionismo

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Calle Eduard Bernstein en Tel Aviv, Israel.

Bernstein argumentó que la religión, en su mayor parte, era un asunto privado.[168]​ Al igual que Friedrich Engels[169]​ y August Bebel, Bernstein consideró el antisemitismo como reaccionario, con razón llamado "el socialismo del idiota", ya que la naturaleza del capitalismo "hacía imposible criticar a los capitalistas judíos sin criticar a los capitalistas no judíos". La alternativa era: "(El antisemitismo) debe reconocer la solidaridad de los explotadores de todas las confesiones religiosas, y luego trabajar directamente por la socialdemocracia". En su reseña de El Estado Judío de Theodor Herzl vio "una esencia de lucha de clases en el antisemitismo que el artículo atribuía implícitamente a los trabajadores judíos".[170]

Las opiniones de Bernstein sobre cuestiones judías evolucionaron. Nunca se identificó como sionista, pero después de favorecer inicialmente una solución totalmente asimilacionista a "la cuestión judía", su actitud hacia el sionismo se volvió considerablemente más comprensiva después de la Primera Guerra Mundial.[171][172]

Homosexualidad

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Bernstein también se destaca por ser "uno de los primeros socialistas en abordar con simpatía la cuestión de la homosexualidad".[173]​ En su texto El juicio de las relaciones sexuales anormales, Bernstein defiende al escritor y socialista británico Oscar Wilde y critica los juicio morales de los actos sexuales "anormales" como "antinatural" puesto que la misma sociedad civil en muchos aspectos no es natural y estos actos están presentes en la naturaleza (véase Comportamiento homosexual en animales). De hecho, “que, en la práctica, las relaciones sexuales [entre personas heterosexuales] se llevan a cabo por puro placer y, puesto que se han emancipado de la procreación, son no solamente antinaturales, sino también anormales”.[174]​ Además, en la práctica sexual se usan órganos no destinados a la procreación, las cuales no son castigadas. Esta doble moral es consecuencia del origen de la familia y sociedad patriarcal.[168]

(L)a libertad [sexual] concedida al cuerpo femenino caracterizara el desprecio por la mujer, que se produjo con el surgimiento de la familia de derecho paterno. [...] (L)as regulaciones existentes son en sí mismas un remanente de un desprecio por la mujer, cuyo cuerpo era un objeto perteneciente al hombre.[168]

Bernstein cuestiona el derecho del gobierno a infligir sus imperativos políticos y morales sobre los cuerpos y las acciones de los demás.[175]​ Desde el materialismo histórico, estas críticas morales son solo históricas, puesto que esto actos estuvieron en todo etapa del desarrollo cultural humano.[168]

[S]i la libertad contractual entre el hombre y la mujer es tan grande, que cualquier placer sexual por el que la mujer vende su cuerpo es legítimo, entonces no hay motivo razonable por el que un contrato similar entre hombre y hombre deba ser castigado penalmente. [...] En cualquier caso, al menos esto se puede decir; que en ningún caso el amor masculino es siempre un signo de un carácter corrupto, de disolución, de búsqueda de placeres bestiales y cosas semejantes.[168]

Las opiniones de Bernstein bajo ataque

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Las posturas revisionistas de Bernstein fueron vilipendiadas por los marxistas ortodoxos así como por la corriente más radical.[176]​ La primera crítica oficial a sus argumentos económicos la pronunció Heinrich Cunow en el órgano teórico oficial del Partido Socialdemócrata. Sin embargo, dentro del SPD destacan las críticas de Karl Kautsky y Rosa Luxemburgo.

Karl Kautsky, exponente del marxismo ortodoxo.

Kautsky argumentó que el análisis de Bernstein, basado en observaciones de Inglaterra, no era aplicable a Alemania, donde no existían fuerzas democráticas significativas fuera de la clase trabajadora.[177]​ Para Kautsky, la teoría cumplía una función práctica: proporcionaba a los trabajadores alemanes confianza en sí mismos y la certeza de la victoria.[178]

Rosa Luxemburgo criticó el revisionismo de Bernstein en Reforma o revolución.

Rosa Luxemburgo argumentó en Reforma o revolución que el socialismo tiene su fin en la revolución social y que el revisionismo "equivale en la práctica al consejo [...] de que abandonemos la revolución social -el objetivo de la socialdemocracia- y convirtamos la reforma social de un medio de la lucha de clases en su objetivo final".[179]​ Ya no es "la realización del socialismo" sino "la reforma del capitalismo"; "no es la supresión del trabajo asalariado, sino la reducción de la explotación, es decir, la supresión de los abusos del capitalismo en lugar de la supresión del propio capitalismo".[180]​ El revisionismo habría perdido de vista el socialismo científico y ha vuelto al idealismo y, por lo tanto, ha perdido su fuerza predictiva. Dado que el reformismo sobrestima la adaptabilidad y viabilidad del capitalismo, con lo que sus contradicciones no lo conducirían por necesidad histórica a su perdición, Luxemburgo dijo que el revisionismo abandonaría la necesidad objetiva del socialismo y renunciaría a toda esperanza de un futuro socialista. El movimiento colapsaría a menos que se repudiara el revisionismo. Los sindicalistas, que podían ver los éxitos del capitalismo y la mejora de las condiciones laborales y que querían mejorar las condiciones laborales a través del parlamento, generalmente siguieron a Bernstein, mientras que los más ortodoxos generalmente siguieron a Luxemburgo.[181]​ Para Luxemburgo "la teoría del derrumbe capitalista ... es la piedra angular del socialismo científico" e intentó elaborar su teoría del colapso en La acumulación del capital.[152]​ Por el contrario, Kautsky argumentó en favor de una teoría de la crisis más flexible. Las perspectivas revolucionarias dependían de crisis cíclicas del capitalismo, no de un solo "colapso" catastrófico o "empobrecimiento absoluto".[157]​ Sostuvo que si bien el capitalismo no se estaba derrumbando mecánicamente, sus contradicciones se estaban agudizando, en particular con el auge del capital financiero y los cárteles, que aumentaban la miseria social incluso si la pobreza absoluta no lo hacía.[182]​ También desarrolló su concepto de Verelendung (empobrecimiento), argumentando que incluso si las condiciones materiales de los trabajadores mejoraban, los ataques sociales y políticos de la clase dominante intensificarían la lucha de clases.[183]​ Aunque las condiciones económicas debían empeorar bajo el capitalismo, el factor decisivo para provocar la transición al socialismo sería "el creciente poder y madurez del proletariado". Es necesario estar "armado para cualquier eventualidad".[184]​ Tanto Kautsky como Luxemburgo advertían contra Bersntein el posible carácter reaccionario de los sindicatos al defender un "aristocracia obrera".[152]

Gueorgui Plejánov, marxista ruso.

Gueorgui Plejánov, principal teórico del marxismo ruso, escribió duras críticas contra Bernstein sobre las cuestiones sus filosóficas neokantianas como «Bernstein y el materialismo» (1898) o «Cant contra Kant o el legado espiritual del señor Bernstein» (1901).[185][186]​ Posteriormente los escritos de Plejánov sirvieron para que un joven Lenin se familiarizase contra el neokantismo en sus críticas del revisionismo bernsteiniano.[75][187][188][142]​ Por otro lado Alexander Parvus centró su crítica en los argumentos de Bernstein sobre "la disminución de la polarización de clases, el aumento relativo de la clase media y las pequeñas empresas, etc."[157]​ Parvus reconoció que la clase media de "personal técnico y administrativo" necesarios como "planificadores" en una economía socialista e infravalora la resistencia pequeño burguesa contra la revolución.[152]

El socialista británico Ernest Belfort Bax acusó a Bernstein de haber "inconscientemente dejado de ser un socialdemócrata" por defender el colonialismo del Estado alemán. Bax insistió en que el deber de los socialistas era luchar contra el imperialismo y la expansión de los mercados que prolongarían la existencia del capitalismo. "Mejor la esclavitud que el capitalismo; mejor el tratante de esclavos árabe que la empresa de tráfico de esclavos".[152][156]

Influencia

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La influencia del pensamiento de Bernstein fue escasa dentro del movimiento socialdemócrata, ya que sus tesis revisionistas perdieron frente a las ortodoxas de Karl Kautsky dentro del SPD. A pesar de todo eso, a la larga esa situación se revirtió y su revisionismo terminó imponiéndose dentro de la socialdemocracia. Sin embargo, tiempo después del fallecimiento de Bernstein, la socialdemocracia se moderó aún más en sus postulados habiéndose despojado por completo del marxismo y limitándose a propugnar una economía mixta —encuadrándose en lo que se conoce como la tercera vía—. Pero, de todos modos, algunas de las premisas de Bernstein se mantienen vigentes en la socialdemocracia actual, cómo por ejemplo, su defensa de la democracia, del reformismo y del humanismo. Al igual que el sociólogo Pierre Bourdieu, introdujo sus ideas dentro de las conocidas como Teorías del Conflicto, la Teoría Reproductivista Cultural, donde critica al funcionalismo como paradigma interpretativo de la educación y la sociedad.[cita requerida]

Según Ernest Mandel "las variantes posteriores del gradualismo y el reformismo (incluido, en años recientes, el eurocomunismo) tienen sus raíces comunes en los escritos de Bernstein".[189]​ En su obra, La búsqueda del socialismo evolutivo: Eduard Bernstein y la socialdemocracia, Manfred Steger aborda el deseo de Bernstein de lograr el socialismo a través de medios pacíficos y una legislación incremental.[190]

Obras

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Notas

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  12. Ritter, Gerhard A. (1963). Bundeszentrale für politische Bildung, ed. «Die politische Arbeiterbewegung Deutschlands 1863-1914» (en alemán). Archivado desde el original el 20 de julio de 2024. Consultado el 14 de diciembre de 2024. 
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Enlaces externos

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