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Dies irae

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Dies irae; ("Día de la ira") es un famoso himno latino del siglo XIII atribuido al franciscano Tomás de Celano (1200-1260), amigo y biógrafo de San Francisco de Asís.[1]​ o a Latino Malabranca Orsini (fallecido en 1294), lector en el Dominico studium en la Basílica de Santa Sabina, precursor de la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino (el Angelicum) en Roma.[2]​ La secuencia data, como muy tarde, del siglo XIII, aunque es posible que sea mucho más antigua, ya que algunas fuentes atribuyen su origen a Gregorio Magno (m. 604), Bernardo de Claraval (1090-1153) o Buenaventura de Bagnoregio (1221-1274).[1]​ o los frailes dominicos Umbertus y Frangipani.

Suele considerarse el mejor poema en latín medieval, y difiere del latín clásico tanto por su acentuación (no cuantitativa) como por sus líneas en rima. El metro es trocaico. El poema describe el día del Juicio Final, con la última trompeta llamando a los muertos ante el trono divino, donde los elegidos se salvarán y los condenados serán arrojados a las llamas eternas.[3]

Es más conocido por su uso en la Misa de Réquiem católica de rito romano (Misa por los difuntos o Misa fúnebre) hasta 1970, pero no aparece en el Misal Romano de 1970. Se encuentra una versión en inglés en varios libros de culto de la Comunión Anglicana.

La primera melodía compuesta para esta letra, un canto gregoriano, es una de las más citadas en la literatura musical y aparece en las obras de muchos compositores. La estrofa final, Pie Jesu, se ha reutilizado a menudo como canción independiente.

Uso en la liturgia romana

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El «Dies irae» se ha utilizado en la liturgia de Rito romano como secuencia de la misa de réquiem durante siglos, como lo demuestra el importante lugar que ocupa en composiciones musicales como las de Mozart y Verdi. Aparece en el Misal Romano de 1962, la última edición antes de la implementación de las revisiones que se produjeron tras el Concilio Vaticano II. Como tal, todavía se escucha en las iglesias donde se celebra la liturgia tridentina en latín. También formaba parte de la liturgia preconciliar del Día de los Difuntos.

En las reformas de los ritos litúrgicos latinos de la Iglesia católica ordenadas por el Concilio Vaticano II, el «Consilium para la aplicación de la Constitución sobre la liturgia», el organismo vaticano encargado de redactar y aplicar las reformas (1969-1970), eliminó la secuencia como tal de los funerales y otras misas por los difuntos. Una figura destacada en las reformas litúrgicas posconciliares, el arzobispo Annibale Bugnini, explicó el razonamiento del Consilium:

Se deshicieron de los textos que tenían un tinte de espiritualidad negativa heredada de la Edad Media. Así, eliminaron textos tan conocidos e incluso queridos como «Libera me, Domine», «Dies irae» y otros que hacían demasiado hincapié en el juicio, el miedo y la desesperación. Estos fueron sustituidos por textos que instaban a la esperanza cristiana y que, posiblemente, expresaban de forma más eficaz la fe en la resurrección.[4]

«Dies irae», ligeramente editado, sigue utilizándose «ad libitum» como himno en la Liturgia de las Horas el Día de los Difuntos y durante la última semana antes del Adviento, para lo cual se divide en tres partes para el Oficio de Lecturas, Laudes y Vísperas, con la inserción de una doxología después de cada parte.[5]

A partir del siglo XIV se incorporaba a la Misa de Réquiem y fue incluido en el Misal Romano publicado en 1570 por Pío V por decreto del Concilio de Trento (1545–1563). Luego de la reforma litúrgica posterior al Concilio Vaticano II, fue excluido de las ediciones editadas por Pablo VI y Juan Pablo II a partir de 1970.

El poema

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El Dies Irae
El Juicio Final de Hans Memling, (c. 1467–71, Museo Nacional de Gdańsk.)
Texto original en latín
Dies iræ, dies illa,
Solvet sæclum in favilla,
Teste David cum Sibylla!
Quantus tremor est futurus,
quando iudex est venturus,
cuncta stricte discussurus!
Tuba mirum spargens sonum
per sepulcra regionum,
coget omnes ante thronum.
Mors stupebit et Natura,
cum resurget creatura,
iudicanti responsura.
Liber scriptus proferetur,
in quo totum continetur,
unde Mundus iudicetur.
Iudex ergo cum sedebit,
quidquid latet apparebit,
nil inultum remanebit.
Quid sum miser tunc dicturus?
Quem patronum rogaturus,
cum vix iustus sit securus?
Rex tremendæ maiestatis,
qui salvandos salvas gratis,
salva me, fons pietatis.
Recordare, Iesu pie,
quod sum causa tuæ viæ;
ne me perdas illa die.
Quærens me, sedisti lassus,
redemisti crucem passus,
tantus labor non sit cassus.
Iuste Iudex ultionis,
donum fac remissionis
ante diem rationis.
Ingemisco, tamquam reus,
culpa rubet vultus meus,
supplicanti parce Deus.
Qui Mariam absolvisti,
et latronem exaudisti,
mihi quoque spem dedisti.
Preces meæ non sunt dignæ,
sed tu bonus fac benigne,
ne perenni cremer igne.
Inter oves locum præsta,
et ab hædis me sequestra,
statuens in parte dextra.
Confutatis maledictis,
flammis acribus addictis,
voca me cum benedictis.
Oro supplex et acclinis,
cor contritum quasi cinis,
gere curam mei finis.
Lacrimosa dies illa,
qua resurget ex favilla
iudicandus homo reus.
Huic ergo parce, Deus.
Pie Iesu Domine,
dona eis requiem.
Amen.
Traducción
¡Será un día de ira, aquel día
en que el mundo se reduzca a cenizas,
como testificaron David y la Sibila!
¡Cuánto terror habrá en el futuro
cuando el juez haya de venir
para hacer estrictas cuentas!
La trompeta resonará terrible
por todo el reino de los muertos,
para reunir a todos ante el trono.
La muerte y la Naturaleza se asombrarán,
cuando todo lo creado resucite
para responder ante su juez.
Se abrirá el libro escrito
que todo lo contiene
y por el que el mundo será juzgado.
Entonces, el juez tomará asiento,
todo lo oculto se mostrará
y nada quedará impune.
¿Qué alegaré entonces, pobre de mí?
¿De qué protector invocaré ayuda,
si ni siquiera el justo se sentirá seguro?
Rey de tremenda majestad
tú que salvas solo por tu gracia,
sálvame, fuente de piedad.
Acuérdate, piadoso Jesús
de que soy la causa de tu calvario;
no me pierdas ese día.
Por buscarme, te sentaste agotado;
por redimirme, sufriste en la cruz,
¡que tanto esfuerzo no sea en vano!
Justo juez de los castigos,
concédeme el regalo del perdón
antes del día del juicio.
Sollozo, porque soy culpable;
la culpa sonroja mi rostro;
perdona, oh Dios, a este suplicante.
Tú, que absolviste a Magdalena
y escuchaste la súplica del ladrón,
dame a mí también esperanza.
Mis plegarias no son dignas,
pero tú, que actúas con bondad,
no permitas que arda en el fuego eterno.
Colócame entre tu rebaño
y sepárame de los impíos
situándome a tu derecha.
Condenados los malditos,
arrojados a las llamas acerbas,
llámame entre los benditos.
Te ruego compungido y de rodillas,
con el corazón contrito, casi en cenizas,
que cuides de mí en el final.
Será de lágrimas aquel día,
en que del polvo resurja
el hombre culpable, para ser juzgado.
Perdónalo, entonces, oh Dios,
Señor de piedad, Jesús,
y concédele el descanso.
Amén.

Texto

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El texto en latín está tomado de la Misa de Réquiem del Misal Romano de 1962. [6]​ La primera versión inglesa fue traducida por William Josiah Irons en 1849, aunque a partir de un texto latino ligeramente diferente, reproduce la rima y la métrica del original.[7]​ Esta traducción, editada para que se ajuste más al latín oficial, ha sido aprobada por la Iglesia católica para su uso como secuencia de la misa fúnebre en la liturgia de los ordinariatos católicos para antiguos anglicanos.[8]

Sobre el final

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El poema debiera estar completo al terminar la antepenúltima estrofa. Algunos eruditos se plantean si la continuación es un añadido para servir a los fines de conveniencia litúrgica, ya que la última estrofa rompe el esquema de rimas de tres versos en favor de dísticos rimados; además, los dos últimos versos abandonan la rima en favor de la asonancia, y son catalécticos.

Debido a que las dos últimas estrofas difieren notablemente en su estructura de las estrofas anteriores, algunos estudiosos consideran que se trata de una adición realizada con el fin de adaptar el gran poema al uso litúrgico. La penúltima estrofa, Lacrimosa, descarta el esquema constante de tercetas rimadas en favor de un par de coplas rimadas. La última estrofa, Pie Iesu, abandona la rima en favor de la asonancia y, además, sus versos son catalécticos.

En las reformas litúrgicas de 1969-71, se eliminó la estrofa 19 y el poema se dividió en tres secciones: 1-6 (para Oficio de Lecturas), 7-12 (para Laudes) y 13-18 (para Vísperas). Además, «Qui Mariam absolvisti» en la estrofa 13 fue sustituido por «Peccatricem qui solvisti», de modo que ese verso ahora significa «Tú que absolvistes a la mujer pecadora». Esto se debe a que los estudiosos modernos niegan la identificación medieval común de la mujer adúltera con María Magdalena, por lo que María ya no podía ser nombrada en este versículo. Además, se añade una doxología después de las estrofas 6, 12 y 18:[5]

Indulgencia

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En la Iglesia católica existía antiguamente una indulgencia de tres años por cada recitación y una indulgencia plenaria por recitar la oración diariamente durante un mes. La indulgencia también puede lucrarse (ofrecerse) en favor de las almas del Purgatorio.[9]​ Esta indulgencia no se renovó en el Manual de Indulgencias. [10]

Inspiración y comentario

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La inspiración para este himno parece venir de la Vulgata latina en su traducción de Sofonías I:15–16: Es interesante en la primera estrofa la mención de la Sibila, que adquiere un carácter profético, anunciador del fin del mundo junto con el profeta David. El prestigio de las sibilas en el mundo católico parece deberse a su aparición (concretamente de la Sibila de Cumas) en la Égloga IV de Virgilio, tan apreciada por autores católicos de los primeros siglos.

Fuentes manuscritas

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El texto más antiguo se encuentra, con algunas variaciones menores, en un manuscrito del siglo XIII que se conserva en la Biblioteca Nacional de Nápoles. Se trata de un Misal franciscano que se puede datar entre 1253–1255, puesto que no contiene el nombre de Santa Clara de Asís, canonizada en 1255 y que sin duda figuraría si el manuscrito fuera posterior a esa fecha.

Referencias literarias

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Canto gregoriano del siglo XIII

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[[:Archivo:|«Dies irae» (canto llano)]]
[[Archivo:|180px|noicon]]

La composición gregoriana original, que se remonta al siglo XIII, era un sombrío canto llano (o canto gregoriano).

Está en el modo dórico.[12]​ En notación neumática de cuatro líneas, comienza así: La melodía del «Dies iræ» en notación neumática de cuatro líneas.

En notación musical de 5 líneas pentagrama:


<<
  \new Staff \with {
    \remove Time_signature_engraver
  }
  \relative c' { \set Staff.midiInstrument = #"tuba" \tempo 8 = 90 \set Score.tempoHideNote = ##t
    \cadenzaOn
    f8 e f d e c d d \breathe
    f8 f([ g)] f([ e)] d([ c)] e f e d4. \breathe
    a8 c([ d)] d d([ c)] e f e d4. \bar "||"
  }
  \addlyrics {
    Di -- es i -- ræ di -- es il -- la,
    Sol -- vet sae -- clum in fa -- vil -- la:
    Tes -- te Da -- vid cum Si -- byl -- la
  }
>>

Ejemplos de composiciones

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Autógrafo del Dies irae del Réquiem de W. A. Mozart

Ejemplos de pasajes del Dies irae en composiciones de Réquiem

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En casi todos los réquiems, lógicamente, aparece también musicada esta secuencia de la Misa de difuntos. Sólo Gabriel Fauré se niega a hacerlo, aunque incluye en el Sanctus una brevísima referencia musical al Dies irae. Se pueden destacar los réquiems siguientes:[13]

Referencias

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  1. a b «Dies Iræ». Catholic Encyclopedia (en inglés). Nueva York: Robert Appleton Company. 1913. OCLC 1017058. 
  2. Crociani, G. (1901). Scritti vari di Filologia. Roma: Forzani &c. p. 488. LCCN 03027597. OCLC 10827264. OL 23467162M. Consultado el 15 de marzo de 2022 – vía Internet Archive. 
  3. (en inglés)Abraham Coles (1866), Dies irae, in thirteen original versions, New York: D. Appleton & Company .
  4. Bugnini, Annibale (1990). «Capítulo 46: Funerarios». La reforma de la liturgia: 1948-1975. Collegeville, Minnesota: The Liturgical Press. p. 773. ISBN 9780814615713. LCCN 90036986. OCLC 1151099486. OL 1876823M. Consultado el 15 de marzo de 2022 – vía Internet Archive. 
  5. a b Liturgia Horarum IV. Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana. 2000. p. 489. ISBN 9788820928124. OCLC 44683882. OL 20815631M. Consultado el 15 de marzo de 2022. 
  6. Missale Romanum (3rd edición). Ciudad del Vaticano: Typis Polyglottis Vaticanis. 1962. p. 706. OCLC 61411326. Archivado desde el original el 2022-02 -16. Consultado el 15 de marzo de 2022. 
  7. The Hymnal of the Protestant Episcopal Church in the United States of America. New York City: Church Pension Fund. 1940. p. 468. Archivado desde el original el 6 de agosto de 2016. Consultado el 2022 -03-15 – vía Hymnary.org. 
  8. 20210214112446/https://ordinariate.net/documents/resources/AC_Order_for_Funerals.pdf «Orden para funerales para uso de los ordinariatos erigidos bajo los auspicios de la Constitución Apostólica Anglicanorum cœtibus». Ordinariato Personal de la Cátedra de San Pedro (en en,la). Archivado desde el original el 14 de febrero de 2021. Consultado el 15 de marzo de 2022. 
  9. (S. Paen. Ap., 9 de marzo de 1934). Citado en _x_tr_sl=it&_x_tr_tl=en&_x_tr_hl=it&_x_tr_pto=wapp «Indulgencias para los difuntos: Normas generales y para el mes de noviembre» (en italiano). 2 de noviembre de 2014. 
  10. (Manual de Indulgencias, sección 29)
  11. Leroux, Gaston (1911). El fantasma de la ópera. Nueva York: Grosset & Dunlap. p. 164. ISBN 9780758318008. OCLC 4373384. Consultado el 15 de marzo de 2022 – vía Google Books. 
  12. Vorderman, Carol (2015). Help your Kids With Music (1.ª americana edición). Londres: Dorling-Kindersley. p. 143. ISBN 9781465485489. 
  13. (en inglés)Robert Chase (2003), Dies irae, A Guide to Requiem Music, Lanham, Maryland, and Plymouth, UK: The Scarecrow Press, Inc. .
  14. Cadagin, Joe (August 2020). «ADÈS: Totentanz». Opera News (New York City: Metropolitan Opera Guild) 85 (2). ISSN 1938-1506. Archivado desde el original el 16 de marzo de 2022. Consultado el 16 de marzo de 2022. 

Enlaces externos

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